Embajador de EEUU en La Habana advierte al régimen que comience a dialogar porque «la situación se va a complicar más diariamente»

Redacción

El jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, soltó una frase que no pasó desapercibida. En medio del deterioro acelerado que vive la isla, afirmó que ha llegado la hora de apretar el paso, dejando claro que la situación del país ya no admite pausas ni discursos diplomáticos tibios.

Durante una conversación exclusiva con el programa Noticiero Ahora de Telemundo, Hammer pintó un panorama crudo. Habló sin rodeos del desplome económico, del clima de represión política y de un desgaste interno que, según su lectura, comienza a notarse dentro del propio engranaje del poder en La Habana. El diagnóstico fue directo: el modelo actual no se sostiene.

Al abordar la posibilidad de un diálogo con las autoridades cubanas, el diplomático dejó la pelota en la cancha del régimen. Señaló que corresponde a la cúpula gobernante decidir si quiere negociar, aunque lanzó una advertencia que sonó más a realidad que a amenaza. La crisis, dijo, se agrava día tras día, y el tiempo no parece estar del lado de quienes mandan.

Hammer evitó revelar movimientos concretos o estrategias específicas, fiel al lenguaje medido que suele acompañar estos escenarios. Sin embargo, deslizó un mensaje que resonó con fuerza. La diplomacia tiene sus tiempos, sí, pero hay coyunturas donde la inercia resulta peligrosa. “Es momento de acelerar las cosas”, remarcó.

Más allá de la retórica política, el funcionario insistió en un punto sensible. La preocupación central de Washington, aseguró, es la población cubana. Subrayó que Estados Unidos observa con inquietud el impacto humano de la crisis, en un contexto marcado por apagones interminables, escasez crónica y una economía que no levanta cabeza. “No queremos que el pueblo cubano sufra más”, vino a decir en esencia.

Esa inquietud, añadió, no quedó en declaraciones públicas. Hammer explicó que trasladó directamente sus preocupaciones al secretario de Estado, Marco Rubio, en intercambios recientes sobre la evolución de la situación en la isla. El mensaje interno parece ser claro: Cuba vuelve a ocupar un lugar incómodo pero prioritario en la agenda.

La entrevista dejó además una radiografía difícil de ignorar. Represión persistente, libertades limitadas y un deterioro económico que se cuela en cada rincón de la vida cotidiana. Cortes eléctricos prolongados, desabastecimiento y un éxodo masivo que ya no sorprende a nadie. La crisis dejó de ser coyuntural para convertirse en estado permanente.

Hammer sugirió también que algo se mueve dentro de la propia estructura del poder cubano. Sin ofrecer nombres ni detalles, habló de señales de desgaste en la dirigencia, un elemento que históricamente alimenta especulaciones sobre eventuales cambios políticos. En el contexto cubano, cualquier mención a fisuras internas siempre despierta lecturas intensas.

Sus palabras llegan en un momento especialmente delicado. Cuba atraviesa una crisis energética severa, acompañada de medidas de austeridad que inevitablemente evocan recuerdos del Período Especial. Para muchos dentro y fuera de la isla, el paralelismo no es casual. La sensación de déjà vu económico se hace cada vez más pesada.

El tono del diplomático reflejó urgencia más que formalidad. La idea de esperar, observar y reaccionar parece perder terreno frente a un escenario donde los indicadores sociales y económicos siguen en caída libre. La situación del país ya no se disimula con consignas ni narrativas oficiales.

En esencia, Hammer dejó un mensaje que trasciende la diplomacia tradicional. Para Washington, el margen de maniobra se estrecha a la misma velocidad que se deterioran las condiciones de vida en la isla. Y mientras el aparato oficial cubano insiste en culpar factores externos, la realidad interna continúa mostrando grietas cada vez más visibles.

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