La crisis de combustible en Cuba ya no solo vacía calles y estaciones de servicio. Ahora también mete la mano en algo sagrado para miles de familias: los paquetes enviados desde el extranjero. Cubamax Travel, una de las agencias más conocidas en el envío de paquetería desde Estados Unidos, anunció restricciones temporales en varios de sus servicios por un motivo que en la isla suena demasiado familiar: la falta de combustible.
La empresa hizo el anuncio a través de su página oficial en Facebook. El mensaje fue directo, sin demasiados rodeos. La escasez energética que sacude al país está provocando retrasos serios en la distribución y entrega de envíos, complicando la llegada de paquetes a sus destinatarios finales.
En esencia, el problema es el mismo que afecta a casi todos los sectores del país. Sin diésel ni gasolina suficientes, la logística se convierte en un rompecabezas imposible. Camiones detenidos, rutas interrumpidas, entregas congeladas. Y en medio de todo eso, familias esperando ayuda que nunca llega a tiempo.
Cubamax describió el escenario como complejo y adoptó ajustes de emergencia. Bajo las nuevas condiciones, la aceptación de envíos queda reducida a productos considerados vitales. Alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad pasan a ocupar el centro de la operación en un contexto donde cada litro de combustible cuenta como oro.
Las limitaciones no terminan ahí. La agencia también comunicó que solo procesará un envío por cliente y que la atención quedará restringida a usuarios ya registrados. Una forma de contener la avalancha de solicitudes en medio de una infraestructura que, simplemente, no puede sostener el ritmo habitual.
Uno de los cambios más sensibles afecta directamente a quienes dependen de la comodidad —y muchas veces de la necesidad— de la entrega en casa. El servicio de entrega a domicilio queda suspendido temporalmente, dejando como única opción la recogida en cientos de puntos habilitados en todo el país. Para muchos, eso significa viajes adicionales, gastos extra y más complicaciones en una rutina ya cargada de obstáculos.
La compañía no escondió la gravedad del momento. Calificó la situación como crítica y fuera de su control, subrayando que las demoras actuales responden exclusivamente a la disponibilidad de combustible en Cuba. En otras palabras, el cuello de botella no está en Miami ni en los almacenes, sino dentro de la isla.
Pero más allá del lenguaje empresarial, hay una realidad humana imposible de ignorar. En Cuba, un paquete no es un simple envío comercial. Suele ser comida, medicinas, artículos básicos, pequeños salvavidas enviados desde la diáspora. Es apoyo familiar en medio de la escasez crónica.
Cubamax lo reconoció abiertamente. Recordó que detrás de cada caja hay sacrificio, esfuerzo y la intención de aliviar carencias. El problema es que, cuando la crisis energética aprieta, ni siquiera esa red informal de ayuda logra escapar del impacto.
La advertencia final de la agencia deja entrever que el panorama podría complicarse aún más. Si en las próximas semanas no mejora la disponibilidad de combustible, podrían aplicarse nuevas restricciones. Un mensaje que, para los cubanos, suena a eco de muchas otras áreas donde los recortes y las suspensiones ya son parte del paisaje cotidiano.
El episodio vuelve a desnudar una verdad incómoda. La crisis del combustible en Cuba no es un asunto aislado ni técnico. Es un factor que atraviesa toda la vida nacional, desde el transporte hasta la alimentación, pasando ahora por la paquetería internacional. Cuando la energía colapsa, el país entero se paraliza.
Y como casi siempre ocurre, el peso real de la situación no recae en discursos oficiales ni en comunicados institucionales. Termina cayendo sobre la gente común, sobre quienes dependen de un envío para completar la despensa o conseguir un medicamento. Porque en la Cuba actual, hasta algo tan básico como recibir un paquete puede convertirse en una odisea.










