Las versiones sobre un posible giro político en Cuba vuelven a encender el debate. Esta vez, el foco se desplaza hacia Washington, donde analistas y observadores aseguran que el gobierno cubano estaría cerrando conversaciones discretas con la administración de Donald Trump para definir los términos de una eventual transición en la Isla.
Antonio de la Cruz, director de Interamerican Trend, compartió en una entrevista con la periodista Mariam de la Fuente una lectura que, de confirmarse, tendría implicaciones de alto voltaje. Según su análisis, la asfixiante crisis económica habría empujado a sectores de la cúpula gobernante a explorar una salida negociada antes de enfrentar un colapso interno de consecuencias impredecibles.
El diagnóstico parte de una realidad difícil de ocultar. Cuba atraviesa un deterioro sostenido que impacta la vida cotidiana, la estabilidad institucional y la ya frágil capacidad del Estado. En ese contexto, De la Cruz sostiene que las presiones externas e internas habrían llevado al régimen a considerar escenarios que hasta hace poco parecían impensables.
Durante la conversación, el analista sugirió que el proceso de negociación podría encontrarse en una fase avanzada. Citando información que atribuyó a fuentes en la capital estadounidense, afirmó que existiría un ultimátum político sobre la permanencia de Miguel Díaz-Canel en el poder. Una declaración explosiva que, como suele ocurrir en estos casos, se mueve en el terreno resbaladizo de las versiones no verificadas.
La hipótesis central apunta a una transición controlada, diseñada para evitar una implosión social. La lógica, según el experto, sería permitir un reacomodo de poder que reduzca riesgos de estallidos masivos en medio de la severa crisis energética, la escasez de combustible y la contracción económica que golpea al país.
El modelo que se menciona guarda similitudes con experiencias recientes en la región, particularmente Venezuela. Sin embargo, De la Cruz plantea un matiz llamativo. A diferencia de procesos centrados en el sector energético, en Cuba las empresas tecnológicas podrían emerger como actores estratégicos dentro de un eventual rediseño económico.
En ese escenario hipotético, comenzaría a perfilarse un gobierno de transición concebido como estructura provisional, orientada a estabilizar el país y abrir paso a un nuevo ciclo político. El concepto descrito por el analista sugiere un aparato estatal funcional, alejado —al menos en teoría— del control histórico de la familia Castro.
Dentro de las figuras mencionadas aparece Ana María Mari Machado, actual vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Su nombre circula como posible rostro de una etapa transicional, en parte debido a un desgaste mediático menor en comparación con otros dirigentes del aparato estatal.
Las especulaciones no se detienen ahí. El análisis también desliza la eventual participación de funcionarios y técnicos vinculados al actual entramado institucional, junto a actores internacionales y representantes del exilio cubano. Un mosaico político complejo, cargado de interrogantes y condicionado por factores aún inciertos.
Uno de los elementos más sensibles es el papel de Estados Unidos. La idea de una transición bajo algún tipo de supervisión o tutela externa inevitablemente genera controversias, tanto dentro como fuera de Cuba. La historia bilateral, marcada por décadas de confrontación, añade capas adicionales de tensión a cualquier narrativa de este tipo.
El posible involucramiento de figuras influyentes del exilio también alimenta el debate. Nombres con peso simbólico y político emergen como potenciales participantes en procesos de reconfiguración institucional, un tema que históricamente ha provocado fuertes reacciones en la narrativa oficial cubana.
Conviene subrayar un punto crucial. Gran parte de la información mencionada por el analista carece, hasta ahora, de confirmación independiente. En el contexto cubano, donde el secretismo estatal es norma y la verificación externa suele ser limitada, las versiones de negociaciones de alto nivel siempre deben leerse con cautela.
Interamerican Trend, la organización dirigida por De la Cruz, ha desarrollado trabajos de análisis sobre democracia, seguridad y dinámicas regionales. Sus evaluaciones, aunque influyentes en ciertos círculos, no sustituyen la ausencia de datos verificables provenientes de fuentes oficiales o institucionales.










