En pleno corazón de la peor crisis energética que ha enfrentado Cuba en décadas, llega una señal potente desde Moscú. La embajada de la Federación Rusa en La Habana confirmó que el Kremlin está preparando el envío de petróleo crudo y derivados hacia la isla en calidad de “ayuda humanitaria”, según reportan medios rusos citando a funcionarios diplomáticos.
Este anuncio oficializa lo que ya muchos venían sospechando: Cuba está al borde del colapso energético, sin suministros estables de combustibles y bajo la fuerte presión de sanciones impulsadas por Washington.
Un diplomático ruso citado por la prensa explicó que se espera que el país caribeño reciba tanto crudo como productos petrolíferos “en un futuro cercano”, aunque no se han detallado ni volúmenes ni fechas definitivas.
La ayuda propuesta sería un respiro momentáneo para una economía que consume unos 37,000 barriles diarios y ve agotarse sus reservas rápidamente, un fenómeno agravado por la ausencia de suministros venezolanos después de los recientes acontecimientos políticos en ese país, según expertos.
Rusia y el Kremlin han evitado especificar abiertamente los términos de la operación, aunque el portavoz Dmitri Peskov ha señalado que el país mantiene contactos “constantes” con Cuba, sin querer entrar en detalles sobre cantidades o plazos. Al mismo tiempo, Moscú ha reiterado su rechazo a lo que califica como presiones unilaterales de Estados Unidos sobre la economía cubana y venezolana.
Este plan de apoyo ruso llega cuando la situación en la isla se ha vuelto insostenible. Aeropuertos cubanos han alertado sobre graves faltas de combustible para aviones, lo que ha provocado que aerolíneas internacionales, desde Canadá hasta Rusia, suspendan o ajusten sus vuelos debido al desabastecimiento de jet fuel.
El anunció de Rusia se presenta en contraste con la política estadounidense, que ha impuesto medidas para bloquear envíos de petróleo a Cuba en el marco de sanciones amplias y ha calificado la situación como una amenaza a su seguridad nacional.
Para muchos cubanos, esta posible asistencia petrolera no es tanto una ayuda desinteresada como un gesto geopolítico: mientras Cuba queda cada vez más aislada de sus suministros tradicionales, Rusia busca mantener su influencia en la región y asegurar que el régimen castrista no colapse por falta de energía.
Todo esto ocurre en medio de prolongados apagones, vuelos cancelados, racionamiento de combustibles y difíciles condiciones de vida que han empujado a sectores claves de la población a depender de soluciones externas para sobrevivir. En este clima, la llegada de petróleo ruso sería un alivio temporal, pero no resuelve el problema estructural que enfrenta la isla a nivel energético y económico.
Mientras tanto, las conversaciones diplomáticas entre La Habana y Moscú continúan bajo un velo de hermetismo, y todavía falta por ver si este supuesto cargamento “humanitario” logre aliviar, aunque sea por unos días, la grave escasez de combustible que hoy paraliza al país.










