La corporación Cimex salió a enfriar rumores, aunque sin despejar demasiadas dudas. Según declaraciones recogidas por medios oficialistas, las restricciones actuales en la venta de combustible no serían permanentes y la comercialización liberada en pesos cubanos volvería “de manera gradual” cuando existan las ya habituales “condiciones objetivas”.
El anuncio, lejos de tranquilizar, suena a frase reciclada dentro del interminable guion de la crisis energética cubana. Juan Sera Blázquez, vicepresidente comercial de Cimex, aseguró que el esquema vigente responde a un escenario de contingencia. Traducido al lenguaje cotidiano de la isla: no hay suficiente combustible y el sistema vuelve a apretarse.
El directivo insistió en que la medida no es definitiva. Sin embargo, dejó claro que cualquier flexibilización dependerá de la disponibilidad real del producto y de la logística necesaria para sostenerla. En Cuba, esa combinación suele ser tan incierta como el propio suministro.
Mientras tanto, la realidad en la calle no cambia. La venta de gasolina en divisas continúa canalizada a través de la plataforma Ticket, operativa en poco más de un centenar de servicentros. Cada usuario puede adquirir hasta 20 litros por turno, con un límite temporal que convierte la compra en una carrera contrarreloj.
Dentro de esa red, una parte significativa de los puntos de venta fue reservada para el sector turístico. La justificación oficial es conocida: priorizar actividades estratégicas que generen divisas. La lectura popular es otra: el ciudadano común vuelve a quedar relegado frente a la urgencia de captar moneda extranjera.
El sistema digital tampoco arrancó con buen pie. Miles de accesos simultáneos desbordaron la plataforma en sus primeros días, provocando lentitud, interrupciones y quejas generalizadas. El volumen de solicitudes reveló algo más que un fallo tecnológico. Expuso la magnitud de la desesperación por conseguir combustible.
Desde XETID, la empresa tecnológica implicada en la operación, se explicó que los turnos asignados previamente para compras en CUP no desaparecerán. Serán respetados cuando se normalice la venta en moneda nacional. Una promesa que, en el contexto cubano, se mueve entre la esperanza y el escepticismo crónico.
En paralelo, Fincimex anunció un mecanismo para devolver saldos pendientes en las antiguas tarjetas chip utilizadas para adquirir combustible. El proceso será gradual, argumentaron, debido al elevado número de plásticos en circulación. Otra señal de un sistema que cambia reglas sobre la marcha mientras los usuarios lidian con la incertidumbre.
El discurso corporativo de Cimex insiste en que todo responde a una coyuntura excepcional. Pero en la práctica, la excepcionalidad se ha vuelto permanente. La escasez de combustible ya no es un evento ocasional, sino un rasgo estructural que condiciona transporte, producción y vida cotidiana.
La reorganización del mercado busca, según las autoridades, distribuir de forma controlada un recurso crítico. La experiencia del ciudadano promedio, sin embargo, es mucho menos técnica. Colas interminables, disponibilidad errática y precios que escapan a cualquier lógica salarial.
El trasfondo es imposible de ignorar. Cuba atraviesa una crisis energética prolongada donde la falta de combustible se suma al déficit de generación eléctrica, apagones masivos y deterioro de infraestructuras. Cada ajuste en la comercialización no resuelve el problema, apenas administra la escasez.
Así, entre plataformas digitales, cupos limitados y promesas de normalización futura, el acceso a la gasolina continúa convertido en un privilegio incierto. Y como ocurre con demasiada frecuencia en la isla, la recuperación anunciada queda suspendida en un tiempo indefinido que la población ha aprendido a no dar por seguro.










