La Autopista Nacional volvió a ser escenario de una escena desgarradora. Alrededor de las 11 de la noche del 12 de febrero, un accidente masivo terminó en tragedia, con un saldo preliminar de cuatro personas fallecidas y 17 lesionadas, entre ellas dos reportadas en estado crítico.
Según la información difundida por el medio oficial Escambray, el siniestro involucró a un ómnibus Diana que cubría la ruta entre La Habana y el oriente del país. El impacto ocurrió cerca del puente de Zaza, en Sancti Spíritus, un tramo de carretera que, como tantos otros en Cuba, carga con un historial preocupante de incidentes viales.
Los heridos fueron trasladados de urgencia al Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, donde permanecen bajo atención médica. Las autoridades sanitarias aseguran que los pacientes críticos reciben cuidados especializados, mientras el resto de los lesionados continúa siendo evaluado.
Hasta ahora, el hermetismo habitual vuelve a marcar la pauta. No se han revelado las causas del accidente, ni tampoco la identidad oficial de las víctimas fatales. La policía anunció el inicio de una investigación, aunque sin ofrecer detalles concretos, una práctica que ya resulta demasiado familiar para los cubanos.
Más allá de las cifras, el suceso vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad vial en Cuba, un problema crónico que rara vez encuentra soluciones estructurales. Carreteras deterioradas, vehículos envejecidos y escasez de mantenimiento forman un cóctel peligroso que se traduce, una y otra vez, en pérdidas humanas.
Mientras familiares esperan respuestas y el país suma otro episodio doloroso a su larga lista de tragedias en la carretera, crece la expectativa por información oficial. Por ahora, solo queda la incertidumbre y la amarga sensación de que estas historias, lamentablemente, ya no sorprenden a nadie.










