La contingencia energética en Villa Clara ya no admite eufemismos. La provincia sobrevive bajo un esquema de racionamiento eléctrico severo, marcado por la escasez crónica de combustible y la fragilidad del sistema de generación. Las autoridades eléctricas lo reconocen sin rodeos: el panorama sigue cuesta arriba.
Según explicó el ingeniero Eduardo Pérez Reyes, al frente de la Empresa Eléctrica en el territorio, la prioridad hoy es quirúrgica. Solo 13 circuitos reciben servicio las 24 horas, reservados exclusivamente para los principales hospitales y los sistemas de abasto de agua. Fuera de ese perímetro protegido, la incertidumbre manda.
Ni siquiera infraestructuras estratégicas como bancos o centros de comunicaciones logran escapar del apagón. Aunque soportan cortes menos prolongados que las zonas residenciales, también enfrentan interrupciones. En la práctica, nadie está completamente a salvo de la oscuridad.
La generación solar ofrece apenas un respiro parcial. Los 11 parques fotovoltaicos en funcionamiento permiten, en determinados momentos del día, rotar circuitos y aliviar algo la carga. Pero el efecto es limitado. La energía solar ayuda, sí, aunque no logra compensar un déficit estructural cada vez más profundo.
Desde la propia empresa admiten que la situación seguirá siendo “muy agresiva”. La combinación de falta de combustible y averías imprevistas en la generación térmica y distribuida mantiene al sistema contra la pared. No hay margen real para prometer mejoras inmediatas.
Uno de los reclamos más repetidos por la población —una programación de apagones estable y equitativa— sigue en terreno resbaladizo. La dirección no descarta aplicarla, pero condiciona cualquier calendario fijo a que pueda cumplirse de forma sostenible. En un escenario de alto déficit, prometer horarios es jugar con fuego.
En paralelo, se anuncian nuevas inversiones en energía solar con la instalación de módulos autónomos. La medida apunta a sostener servicios sensibles y beneficiar a instituciones sociales, además de un grupo de viviendas aisladas. Son soluciones puntuales en medio de una crisis que, lejos de disiparse, se ha convertido en la nueva normalidad energética.










