Lo que pagó por pescado en Cuba dejó a todos con la boca abierta

Redacción

La crisis alimentaria en Cuba sigue dejando historias que parecen sacadas de una película… pero tristemente son 100% reales. Esta vez, quien encendió las redes fue una cubana que decidió contar en primera persona lo difícil que se ha vuelto algo tan básico como comprar pescado en la Isla. A través de un video subido a TikTok, la mujer mostró toda la travesía que tuvo que pasar para conseguirlo y, de paso, soltó una pregunta que dejó a muchos pensando: ¿cómo es posible que en un país rodeado de mar comer pescado sea casi imposible?

Mientras grababa su compra, la creadora —conocida en redes como @guajirita.cubana— fue contando la odisea. Según relató, logró adquirir 10 libras de pescado por 3.000 pesos cubanos (CUP), que al cambio informal serían unos 12 dólares. Puede sonar “barato” para quien vive fuera… pero dentro del contexto de los salarios en Cuba, la cifra deja a más de uno en shock. No es solo el precio: es todo lo que hay que pasar para llegar a tener ese alimento en la mesa.

Y es que, como explicó, encontrar pescado fresco en mercados estatales es casi cuestión de suerte. No siempre hay, y cuando aparece… vuela. A eso se suma otra realidad que muchos fuera de la Isla desconocen: la población no puede pescar libremente. Solo quienes tienen licencia oficial están autorizados. El resto, aunque viva frente al mar, no puede lanzar una red sin meterse en problemas.

La cosa se pone aún más tensa cuando entran en juego productos como el camarón o la langosta. Estas especies están prácticamente prohibidas para el consumo nacional porque su destino principal es la exportación o el turismo. En otras palabras: lo mejor del mar cubano muchas veces ni siquiera llega al plato del cubano de a pie.

Por si fuera poco, parte del pescado disponible termina vendiéndose en tiendas donde el pago es en dólares o en monedas libremente convertibles. Y ahí está otro de los grandes muros: la mayoría de la población no tiene acceso estable a divisas. Resultado: lo que históricamente fue un alimento cotidiano ahora se siente como un lujo reservado para unos pocos.

Claro, no toda la Isla vive exactamente la misma realidad. En municipios costeros el panorama puede mejorar un poco gracias al contacto directo con pescadores locales. Aun así, no es garantía. La disponibilidad depende de la pesca del día, de permisos, de inspecciones… y de que alcance para todos.

Quienes viven lejos del mar la tienen todavía más complicada. En esas zonas, explicó la creadora, muchas veces solo vendedores privados autorizados logran ofertarlo. Pero la oferta es limitada y la demanda enorme, lo que inevitablemente empuja los precios hacia arriba.

Al mostrar su compra, lanzó la pregunta que resume todo el dilema: “Díganme si lo encuentran caro o en buen precio”. Y ahí se abrió el debate. Porque en Cuba ya no se habla solo de precios, sino de poder adquisitivo real. De cuánto cuesta comer frente a cuánto se gana.

Su testimonio se suma a muchas otras denuncias que circulan a diario en redes: escasez de alimentos básicos, inflación sostenida y una crisis económica que sigue apretando fuerte a la población. Historias como esta, lejos de ser aisladas, reflejan el día a día de millones de cubanos que viven rodeados de recursos… pero con acceso cada vez más limitado a ellos.

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