La Embajada de Rusia en Cuba y el grupo Aeroflot movieron ficha ante el caos logístico provocado por la crisis de combustible en la isla. Ambas partes confirmaron la programación de seis vuelos especiales de repatriación entre el 12 y el 21 de febrero para sacar del país a turistas rusos y bielorrusos que quedaron varados.
El operativo será ejecutado por Rossiya Airlines, filial de Aeroflot, en un intento de aliviar la situación generada tras la suspensión de vuelos y las afectaciones en polos turísticos. La escasez de combustible no solo ha golpeado al transporte interno, sino que ya impacta directamente en la conectividad aérea.
El cronograma divulgado contempla varias salidas desde Varadero hacia Moscú en fechas alternas, junto con un vuelo puntual desde La Habana. La estrategia apunta a descongestionar las zonas con mayor concentración de visitantes extranjeros, especialmente los destinos de sol y playa.
Más allá del calendario, el mensaje de Aeroflot dejó una señal clara de la magnitud del problema. Después del 24 de febrero, todos los vuelos comerciales regulares entre Cuba y Rusia quedarán suspendidos. Una decisión que refleja hasta qué punto la crisis energética cubana ha contaminado la operación internacional.
La sede diplomática rusa aseguró que los pasajeros recibirán información directa sobre horarios y estado de los vuelos mediante los contactos registrados en sus reservas. Paralelamente, reiteró la disponibilidad de su canal de emergencia en La Habana para contingencias graves.
El movimiento no se limita a ciudadanos rusos. La Unión Republicana de Organizaciones Turísticas de Bielorrusia confirmó que los pocos turistas de ese país aún presentes en Cuba serán evacuados dentro del mismo esquema. Varadero, Holguín y Cayo Coco figuran entre los puntos más afectados.
El argumento es idéntico: dificultades con el reabastecimiento de combustible. La consecuencia, también: suspensión de operaciones tras completar la evacuación. En otras palabras, las aerolíneas priorizan sacar pasajeros antes de apagar motores indefinidamente.
Este episodio ilustra cómo la crisis energética cubana ya desborda el ámbito doméstico. Lo que comenzó como apagones y escasez interna ahora impacta en turismo, aviación y relaciones logísticas con aliados estratégicos.
Mientras tanto, la incertidumbre domina el panorama. La conectividad aérea, vital para el turismo internacional, queda atrapada en la misma fragilidad que afecta al resto de la economía nacional. En la Cuba actual, hasta despegar depende del combustible.










