El embajador de Rusia en Cuba, Víktor Koronelli, dejó un mensaje sin ambigüedades: Moscú mantendrá su respaldo político y material a la isla, incluso en medio del complicado escenario energético que golpea al país. La declaración llega cuando la escasez de combustible sigue marcando la vida diaria y tensionando la economía.
En una entrevista difundida por RT, el diplomático acusó a Washington de intentar “asfixiar la revolución cubana” y forzar un cambio de gobierno. El tono no sorprende. Es la misma línea argumental que La Habana ha sostenido históricamente, ahora reforzada desde la tribuna rusa.
Koronelli calificó como “totalmente absurda” la narrativa de seguridad estadounidense que presenta a Cuba como una amenaza. Según su versión, la isla no representa peligro alguno ni para Estados Unidos ni para terceros países, desestimando así el discurso que justifica nuevas presiones.
También desechó la idea de que las sanciones o medidas contra Cuba puedan justificarse por sus vínculos con Rusia. Moscú —recordó— mantiene relaciones con numerosos países, pero, según afirmó, solo Cuba es objeto de un cerco particularmente agresivo.
En medio del cruce retórico, el embajador reconoció que existen contactos limitados entre La Habana y Washington, centrados en asuntos técnicos como la migración. Aseguró que el gobierno cubano estaría dispuesto a ampliar el diálogo, siempre bajo la premisa de igualdad y sin condiciones previas.
El punto más delicado de sus declaraciones fue la referencia a un posible escenario militar. Koronelli afirmó que Cuba no descarta una “agresión abierta” y que tanto el Estado como la sociedad se preparan para esa eventualidad. Un mensaje que, más allá de lo simbólico, refleja el clima de desconfianza persistente.
En el plano internacional, el diplomático insistió en que el apoyo político resulta importante, pero insuficiente. Cuba, subrayó, necesita asistencia material concreta, especialmente en un contexto donde la crisis de combustible afecta desde el transporte hasta la actividad industrial.
Rusia, según explicó, evalúa fórmulas de ayuda bilateral y también mecanismos a través de organismos internacionales. Entre ellos, mencionó el papel del Programa Mundial de Alimentos, vía por la cual Moscú contribuye al suministro de productos hacia la isla.
Koronelli sostuvo además que los proyectos conjuntos entre ambos países siguen en pie, aunque admitió que las dificultades energéticas han complicado su ejecución. En abril, adelantó, se prevé una nueva reunión intergubernamental que buscará destrabar áreas clave de cooperación.










