Prensa oficialista pública artículo sobre la «creatividad» del régimen para mantener la venta de pan al pueblo, pero la imagen causa indignación

Redacción

“¿De dónde salió ese pan?” La pregunta no fue una ni dos veces. Se repitió como eco incómodo en los comentarios de una publicación de Radio Sancti Spíritus, que intentaba vender optimismo en medio del apagón crónico.

El medio oficial celebraba que la Empresa de la Industria Alimentaria supuestamente sortea la crisis energética “con creatividad y organización” para garantizar el pan de la canasta básica. Un libreto ya conocido, dicho con el entusiasmo que solo cabe en una nota institucional.

Según la versión difundida, la entidad habría tenido que reinventarse frente a la falta de combustible y la escasez de harina de trigo. Hablaron de ajustes logísticos, de soluciones alternativas, de fórmulas casi heroicas para mantener la producción.

Pero la tormenta no la desató el texto. Fue la imagen.

La emisora acompañó la publicación con una foto de archivo donde aparecían panes enormes, dorados, inflados, casi de postal. Un pan que, para muchos cubanos, pertenece más al recuerdo que a la rutina diaria.

Y ahí mismo explotó Facebook.

Hubo quien soltó la ironía sin anestesia. “Tremendo pansote”, escribió una usuaria, reflejando la incredulidad general. Otro comentario fue todavía más punzante, dejando caer lo que muchos piensan: ese pan luce más como utilería de evento que como alimento del pueblo.

En un país donde el pan normado se ha convertido en una rareza, la reacción era previsible. Entre apagones interminables, hornos apagados y panaderías vacías, la foto parecía una burla involuntaria o, peor aún, propaganda desconectada de la realidad.

No faltaron las comparaciones dolorosas. Varios usuarios recordaron que hace meses no ven un pan de la libreta con ese aspecto. Otros calificaron la imagen de fantasía, montaje, meme, o simple ficción oficialista.

El malestar tiene raíces claras. En numerosas localidades, las panaderías pasan días completos sin vender pan normado. Cuando aparece el llamado pan “liberado”, el precio puede dispararse hasta niveles que resultan absurdos para el salario promedio.

Así, lo que pretendía ser una nota de gestión eficiente terminó funcionando como válvula de escape colectiva. La publicación se llenó de sarcasmo, frustración y ese humor agrio que en Cuba suele ser mecanismo de defensa.

Porque más allá del pan, lo que indigna es la brecha.

La distancia entre el discurso triunfalista y la vida cotidiana resulta cada vez más difícil de maquillar. Mientras los medios estatales hablan de creatividad, la población lidia con un pan pequeño, irregular, a veces crudo y cada vez más escaso.

En la Cuba real —no la de las fotos de archivo— el pan dejó de ser rutina para convertirse en incertidumbre. Y cuando la propaganda intenta hornear normalidad, las redes sociales terminan recordando que la mesa del cubano promedio cuenta otra historia.

Al final, la pregunta sigue flotando, incómoda y perfectamente válida: si ese pan existe, ¿en qué panadería lo venden?

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