¡Le dan de su propia medicina! Cubanos en España reciben a gritos de «¡Miserable!» y «¡Asesino!» a Bruno Rodríguez

Redacción

Al llegar a una reunión oficial con el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla se llevó una bienvenida bastante distinta de la que esperaba. Frente a la sede del encuentro en Madrid, un pequeño grupo de activistas cubanos lo recibió con gritos cargados de rechazo: desde “¡Miserable!” hasta “¡Queremos a Cuba libre!”.

Los manifestantes no se quedaron en consignas suaves. Con voces alzadas y pancartas improvisadas, expresaron su hartazgo con la realidad que se vive en la isla y con la figura de Rodríguez, a quien responsabilizan directamente por la perpetuación de un sistema que, según ellos, ha sumido a su pueblo en miseria mientras sus líderes viajan por el mundo sin resolver nada.

El encuentro con Albares, confirmado por fuentes del Ministerio de Exteriores a la agencia EFE, formaba parte de la agenda oficial del canciller cubano, que aprovechaba una escala en España tras regresar de una visita diplomática a China. La intención del viaje era discutir asuntos bilaterales y examinar la situación cubana en el marco de la próxima Cumbre Iberoamericana programada para noviembre en Madrid.

Pero lo que marcó la tarde fue el contraste entre la reunión diplomática y el rechazo explícito de cubanos en el exterior, cansados de un régimen que acusa de reprimir y hundir al país en una crisis sin precedentes. Los gritos de “¡Asesino!” y otras expresiones de ira no solo retratan el descontento, sino también el nivel de frustración que muchos sienten ante lo que consideran una falta total de respuestas efectivas por parte de sus gobernantes.

El clima frente al edificio donde se produjo el recibimiento no era casualidad. En España, la comunidad cubana ha encontrado un espacio para organizarse y levantar la voz con más libertad que en la isla. En los últimos meses, activistas han intensificado su presencia en protestas, marchas y concentraciones para denunciar tanto la represión política como la crisis humanitaria que golpea a familiares y amigos en Cuba.

Mientras Rodríguez Parrilla entraba a la reunión con Albares, los manifestantes no se quedaron callados. Su presencia recordó que, para muchos fuera de Cuba, el gobierno castrista ya no cuenta con la legitimidad moral que solía reclamar. La protesta fue un recordatorio palpable de que el rechazo a la dictadura no se limita a la isla, sino que se extiende por comunidades de cubanos dispersas por el mundo que no están dispuestos a aceptar discursos oficiales sin cuestionarlos.

La agenda entre los ministros abordó la situación en Cuba, un tema que ha cobrado cada vez más relevancia en el diálogo internacional, especialmente después de movimientos diplomáticos recientes y la presión externa tras la captura de figuras aliadas como el expresidente venezolano Nicolás Maduro. Pero fuera de la sala de reuniones, la realidad que se vive en las calles de Madrid reflejaba un mensaje claro: la diáspora cubana quiere cambios profundos, no más excusas ni discursos vacíos.

La escena en la capital española encapsula una tensión que viene creciendo desde hace tiempo. Desde apagones prolongados hasta la falta de libertades básicas, muchos cubanos dentro y fuera de la isla ven en figuras como Rodríguez a representantes de un régimen que ha perdido contacto con las necesidades de su propio pueblo.

La presencia de activistas críticos en Madrid no solo es un acto simbólico. Es una señal de que la resistencia al autoritarismo cubano no se apaga, y que quienes alguna vez guardaron silencio, ahora alzan la voz con firmeza frente a representantes del poder que, para ellos, solo han ofrecido promesas vacías.

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