Atraca en Matanzas buque tanquero con combustible en medio de la peor crisis de desabastecimiento de carburantes en décadas

Redacción

La escena no pasó desapercibida. Un petrolero apareció este lunes en la bahía de Matanzas, justo cuando el país vive uno de los momentos más tensos de su ya crónica crisis energética. En una Isla donde el combustible es casi un lujo, cada barco que asoma en el horizonte despierta expectativas… y sospechas.

El buque en cuestión es el Nicos I.V., una embarcación de gran porte, con bandera de San Vicente y las Granadinas. Tiene capacidad para transportar más de 300.000 barriles, pero —como suele ocurrir en Cuba— lo esencial permanece en la sombra: nadie ha explicado qué trae ni cuánto trae.

La falta de transparencia vuelve a ser protagonista. Ni autoridades ni medios oficiales han ofrecido detalles claros sobre la carga. En un país donde la gasolina desaparece de los surtidores y los apagones dictan la rutina diaria, el hermetismo no hace más que alimentar la incertidumbre.

Si el barco procede de un puerto extranjero, marcaría un movimiento poco común en semanas recientes. La llegada de tanqueros a la Isla se ha convertido en un evento casi excepcional, reflejo de un sistema energético al borde del colapso y de una economía que no logra sostener sus propias necesidades.

El historial del Nicos I.V. tampoco ayuda a calmar las aguas. Aunque no figura bajo sanciones estadounidenses, ha estado vinculado en el pasado a rutas energéticas entre Venezuela y Cuba. Otro detalle que, lejos de aclarar el panorama, añade más capas a la historia.

Muy cerca de donde atracó el petrolero se levanta la termoeléctrica Antonio Guiteras, una instalación estratégica y símbolo involuntario de la fragilidad energética nacional. Allí, cualquier variación en el suministro de crudo puede significar la diferencia entre encender turbinas… o prolongar apagones.

Todo esto ocurre mientras la población lidia con cortes eléctricos interminables, transporte paralizado y una escasez que ya dejó de ser noticia para convertirse en normalidad. La llegada de combustible, aunque necesaria, apenas representa un respiro momentáneo en una crisis estructural que no encuentra salida.

El régimen insiste en culpar factores externos, pero la realidad cotidiana cuenta otra historia. La dependencia energética, la mala gestión y la falta de reformas reales siguen pesando más que cualquier discurso.

Para el cubano de a pie, la pregunta es simple y brutalmente práctica. No importa tanto de dónde viene el barco, sino si ese combustible se traducirá en menos apagones, más transporte o algún alivio tangible. La experiencia, sin embargo, ha enseñado a moderar las esperanzas.

Habilitar notificaciones OK Más adelante