El congresista cubanoamericano Carlos A. Giménez volvió a encender la llama de la polémica con declaraciones extremadamente duras dirigidas al régimen de La Habana. A través de un mensaje en X, el legislador no se guardó nada: advirtió que si el gobierno cubano sigue retando al presidente Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio, la respuesta de Washington sería fulminante.
En su publicación, Giménez dibujó un escenario explícito. Según sus palabras, Trump ha sido “paciente y generoso”, pero ya no habría margen para más tolerancia si la situación se sigue agravando. “Trump los aniquilará en cuestión de segundos” fue la advertencia directa, una frase que no pasó desapercibida y que sacudió las redes y el debate político.
El congresista no solo lanzó esta amenaza verbal, sino que también fue más allá al dirigirse a quienes todavía defienden la dictadura cubana. Recordó un episodio histórico que aún pesa en el imaginario del exilio: la captura de 32 agentes cubanos durante la crisis venezolana. Con esa referencia, Giménez buscó subrayar que hay consecuencias para aquellas acciones que, desde su perspectiva, desafían a Estados Unidos.
El momento de estas declaraciones no fue casual. Se dieron justo después de que Trump mismo señalara que, aunque una operación militar contra Cuba no sería muy difícil, no la considera necesaria por ahora. El presidente estadounidense también confirmó que su administración mantiene diálogo directo con La Habana, en medio de un contexto en el que la isla vive su peor crisis energética en décadas.
La frase de Trump —“No hay petróleo. No hay dinero. No hay nada”— resume una realidad que muchos cubanos sienten a diario: apagones que se prolongan, transporte paralizado y un colapso económico que no tiene indicios claros de mejoría.
Pero el mensaje de Giménez, con su tono beligerante, también abrió una caja de resonancias internacionales. Para algunos analistas, su advertencia refleja la presión acumulada dentro del Congreso estadounidense para enfrentar con más dureza al régimen castrista, especialmente en un momento en que la crisis cubana ya no es solo doméstica, sino un tema de política exterior con impacto regional.
La retórica también pone de relieve otro aspecto sensible: la comunidad cubanoamericana y su rol político. Tanto Trump como Rubio han centrado parte de su discurso en defender a quienes, según ellos, han sufrido décadas bajo el control del régimen. El llamado de Giménez recalca ese punto, situando la situación cubana como cuestión no solo de sanciones o diplomacia, sino de apoyo a una población que, desde su mirada, ha sido víctima de un sistema represivo.
Sin embargo, la intensidad del lenguaje también despierta preguntas. En un mundo donde las palabras de líderes políticos se interpretan con lupa, afirmar que “aniquilarían” a un régimen en segundos traslada el debate hacia la arena de las amenazas y la confrontación abierta, algo que para muchos observadores podría incrementar tensiones innecesarias en un contexto ya de por sí volátil.
Más allá del impacto mediático, lo cierto es que la declaración se suma a un crescendo de presiones políticas sobre Cuba. Entre sanciones, diálogos inciertos y advertencias explícitas, la isla se encuentra en una encrucijada que va más allá de la escasez de combustibles o la gestión interna: forma parte de una disputa más amplia entre narrativas enfrentadas y visiones irreconciliables sobre su futuro.










