El presidente Donald Trump volvió a apuntar fuerte contra el régimen cubano al afirmar que la isla está “al borde del colapso económico y energético”, en un cruce diplomático que parece más una advertencia que una invitación al diálogo. Sus palabras, dadas a bordo del Air Force One ante la prensa, pintan una Cuba sin combustible ni recursos básicos para sostener su funcionamiento normal, una situación que él califica de “amenaza humanitaria” para la población.
Trump argumentó que el fin del flujo de petróleo desde Venezuela tras la reciente intervención estadounidense en ese país ha dejado al gobierno de La Habana sin respiro. Según él, el problema es tan grave que “no tienen combustible para que despeguen los aviones”, un síntoma más de la caída libre que, en su visión, sufre la economía cubana.
El presidente insistió en que Cuba debería buscar un acuerdo con Estados Unidos antes de que sea “demasiado tarde”, poniendo el foco en que un entendimiento podría aliviar la crisis actual y tener efectos positivos, en particular para la comunidad cubanoamericana que —según él— ha sufrido durante décadas bajo la represión de las autoridades isleñas. Esta idea se suma a los esfuerzos diplomáticos que, según Trump, están siendo liderados por el secretario de Estado, Marco Rubio, aunque no ofreció detalles sobre los términos de dichas conversaciones.
Trump subrayó que el embargo y las restricciones al acceso de Cuba al petróleo y al financiamiento continúan vigentes, y son parte de la estrategia estadounidense para presionar a La Habana. “No hay petróleo, no hay dinero, no hay nada”, resumió, describiendo el bloqueo energético que afecta directamente la vida diaria de los cubanos y la operatividad del Estado isleño.
Al ser preguntado si, de no lograrse un acuerdo, consideraría una acción militar similar a la ejecutada en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, Trump se mostró esquivo, pero dejó una frase que no pasó desapercibida: “Si lo hiciera, no sería una operación muy difícil, pero no creo que sea necesario”. Esta ambigüedad funciona como una amenaza implícita, reforzando la presión sobre el gobierno cubano sin comprometerse abiertamente a una intervención.
La situación en la Isla no ocurre en el vacío. La combinación de sanciones, el corte del suministro petrolero venezolano y la paralización de fuentes alternativas han profundizado un panorama de apagones, escasez de combustible y parálisis de servicios básicos que ya muchos expertos catalogan como la crisis más profunda desde hace décadas. El propio contexto ha sido denominado por analistas como la crisis cubana de 2026, una emergencia económica y política que amenaza la estabilidad del régimen.
Para muchos críticos dentro y fuera de Cuba, el llamado de Trump a un acuerdo funciona más como una presión calculada que como una oferta humanitaria genuina. En este escenario, cualquier acercamiento diplomático se mira bajo la sombra de las sanciones que ahogan a la población, mientras el régimen cubano intenta sobrevivir sin modificar sustancialmente su modelo político y económico.
La advertencia estadounidense, más allá de la retórica y las frases llamativas, deja claro un mensaje: la presión no se afloja y el futuro de Cuba se debate entre emitir concesiones reales o enfrentar una situación que, cada día, se vuelve más insostenible.










