Gerardo ‘El Tarrú’ Hernández se hace el gracioso con Marco Rubio y la ola de críticas que le cayeron arriba de los propios cubanos lo dejan en ridículo

Redacción

Gerardo Hernández Nordelo volvió a colocarse en el centro del huracán tras una publicación en Facebook que, lejos de reforzar la narrativa oficial, terminó provocando una reacción masiva y demoledora. El coordinador nacional de los CDR optó por la ironía para agradecerle a Marco Rubio el actual escenario de presión sobre Cuba, pero la jugada le salió al revés.

En su mensaje, Hernández sugirió que ya no hacía falta desplegar propaganda para explicar el impacto del embargo. Según su planteamiento, quienes negaban la existencia del “bloqueo” ahora guardarían silencio. La frase, acompañada de una imagen con el llamativo “¡Gracias Marco Rubio!”, fue interpretada por muchos usuarios como un gesto que rozaba la admisión involuntaria de que el discurso oficial necesitaba oxígeno nuevo.

La respuesta no tardó. Las críticas brotaron directamente en su propio muro, con comentarios que desmontaban el argumento central del post y apuntaban hacia la responsabilidad interna del sistema. Varios internautas cuestionaron la lógica de culpar exclusivamente a Washington por la debacle económica, recordando que la crisis estructural de la isla no comenzó ayer ni depende de un solo factor externo.

El tono de las reacciones fue frontal. Se repitieron acusaciones de manipulación política, hartazgo social y desconfianza absoluta hacia la dirigencia, en mensajes que subrayaban la desconexión entre la élite gobernante y la vida cotidiana del cubano de a pie. La crítica más constante giró en torno a una idea incómoda para el relato oficial: la asfixia económica, dicen muchos ciudadanos, no se explica únicamente desde fuera.

El debate digital también rescató viejas heridas. Entre los comentarios reapareció el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, un episodio que sigue pesando en la memoria del exilio y que cada cierto tiempo vuelve a la conversación pública. La mención no fue casual. Para varios usuarios, el tema simboliza las cuentas pendientes del poder con la historia.

La controversia se amplificó aún más cuando el contenido comenzó a circular en otras plataformas. Allí, el foco dejó de estar en la ironía inicial y pasó a una discusión más amplia sobre la narrativa del régimen en medio del colapso energético, los apagones crónicos y la precariedad que domina la rutina nacional. La reacción expuso algo evidente: el terreno simbólico ya no es monopolio del Estado.

El episodio vuelve a exhibir un patrón recurrente. Cada intento de reforzar consignas tradicionales tropieza con una ciudadanía más escéptica, más cansada y mucho menos dispuesta a aceptar explicaciones simplistas. La retórica épica pierde fuerza cuando la nevera está vacía y la luz no llega.

Lo ocurrido con la publicación de Hernández no es un hecho aislado. Refleja un desgaste comunicacional profundo, donde los viejos recursos propagandísticos chocan con una realidad económica imposible de maquillar. En el ecosistema digital cubano, la paciencia social parece agotarse al mismo ritmo que el combustible.

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