Rompió en llanto: cubana lanza desesperado pedido por los que no pueden comprar comida

Redacción

La realidad que se vive hoy en Cuba volvió a sacudir las redes sociales, esta vez a través de un video tan crudo como humano. Una cubana residente en Holguín, conocida como Yeni Mone, apareció visiblemente destrozada, llorando desde lo más profundo de su impotencia mientras hacía un llamado urgente a la solidaridad. No era un show, no era exageración: era el desahogo de alguien que ya no aguanta ver tanto dolor alrededor.

“Desde esta mañana estoy llorando… porque me duele la situación que estamos pasando”, dijo al comenzar. Y no, no hablaba de ella. Su angustia iba mucho más allá de su realidad personal. Lo que la quebró fue ver a tantas personas incapaces de comprar lo más básico para sobrevivir en medio de una crisis que no da tregua y que golpea más fuerte a los que menos tienen.

Uno de los ejemplos que mencionó dejó a muchos helados: el precio del aceite. Según contó, un litro ya se vende entre 1,800 y 1,900 pesos… y subiendo. “Pronto va a llegar a 2,000”, advirtió con dolor. Pero más que la cifra, lo que la destrozaba era pensar en quienes ni soñando pueden pagar eso.

Yeni también señaló una práctica que ha indignado a muchos: las personas que compran grandes cantidades para revender más caro. Esa cadena especulativa, según denunció, termina dejando a otros sin la más mínima oportunidad de acceder a productos esenciales.

Y es que la inflación en Cuba no es cuento: los precios suben sin freno mientras los salarios se quedan congelados en el tiempo. Sí, en el sector privado aparecen productos como arroz, azúcar, café o aceite… pero a precios que para gran parte del pueblo son prácticamente de lujo.

En medio de ese escenario, Yeni quiso dejar algo claro: su mensaje no tenía tintes políticos. Era, según sus propias palabras, un grito humanitario. “Por favor, no hagan eso… hoy usted lo hace, mañana se lo hacen a usted”, dijo refiriéndose a los revendedores.

Su petición fue directa, especialmente hacia dueños de negocios y puntos de venta. Les rogó que limitaran las cantidades por persona para que más gente tuviera oportunidad de comprar. “No vendan por cajas… véndanlo normado. Un litro, dos litros… para que todos puedan alcanzar algo”, suplicó.

Para ilustrar la gravedad, habló de barrios como Canalito, donde —según contó— hay personas que se acuestan sin comer o sobreviven con lo mínimo. Escenas que no salen en estadísticas, pero que se repiten cada día.

Aun así, insistió en que ella no estaba hablando desde la miseria propia. Dijo que su situación no es la peor, pero que no puede “ponerse una venda en los ojos” mientras otros sufren.

En un segundo video, grabado tras recibir muchas llamadas de personas preocupadas, volvió a recalcar el enfoque de su mensaje: empatía pura. “No hablo de política, hablo de humanidad”, subrayó.

Incluso fue más allá, invitando a quienes tengan un poco más a compartir. Desde hacer refresco hasta regalar comida. “Si puede cocinar, hágalo… ayude”, animó sin rodeos.

Su propuesta fue tan sencilla como poderosa: preparar almuerzos o meriendas y avisar en los grupos del barrio para que quien lo necesite pase con su recipiente. Solidaridad directa, sin burocracia ni discursos.

Eso sí, también pidió que la ayuda se haga de corazón, no por reconocimiento. “No lo hagas para que te vean… hazlo como si fuera para Dios”, dijo, apelando a la fe y a la conciencia.

En un país marcado por la escasez, los apagones y los precios imposibles, la voz rota de Yeni se convirtió en eco de muchos. “Estamos viviendo días malos… tenemos que ayudarnos”, expresó.

Cerró con una reflexión que dejó pensando a más de uno: nada material nos acompaña al morir. Por eso, insistió en que cualquier ayuda que se pueda dar hoy, vale oro.

Su testimonio, más allá de números o economía, puso rostro al drama: el de quienes ven cómo la comida se vuelve inalcanzable… y el de quienes, aun sin tener mucho, todavía creen en tender la mano.

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