Accidente masivo de tránsito en Camagüey deja 56 personas heridas, 5 de ellas declaradas en estado crítico

Redacción

La tranquilidad en Guáimaro se rompió de golpe este martes, cuando un ómnibus repleto de pasajeros terminó involucrado en un accidente que dejó a decenas de personas pasando un buen susto. El hecho, ocurrido en Camagüey, vuelve a poner sobre la mesa un tema que en Cuba ya huele a costumbre amarga: la fragilidad del sistema de transporte.

Medios locales oficialistas ofrecieron una actualización del caso y señalaron que el número de afectados llegó a 56 personas. La mayoría, según la versión difundida, sufrió lesiones catalogadas como leves. Aun así, la cifra no deja de impresionar en un país donde subirse a un vehículo estatal muchas veces parece una lotería.

Entre los pasajeros viajaban mujeres embarazadas, un detalle que añade tensión al panorama. Siete de ellas presentaron traumas tras el impacto. Aunque los reportes aseguran que ninguna corre peligro vital, permanecen bajo observación médica. En buen cubano, nadie respira tranquilo hasta que no pase el susto completo.

También hubo menores de edad en el accidente. Cuatro niños estuvieron implicados en el siniestro. Uno de ellos fue remitido a valoración especializada, mientras que los otros tres, por suerte, no mostraron lesiones. Dentro del caos, al menos una noticia que no termina en tragedia.

El parte médico igualmente confirmó que cinco personas fueron clasificadas como graves y trasladadas a hospitales en la ciudad de Camagüey. Como suele ocurrir en estos casos, las identidades y detalles clínicos brillan por su ausencia, dejando a familiares y a la opinión pública en el terreno de la incertidumbre.

Las circunstancias exactas del accidente siguen envueltas en la nebulosa informativa habitual. No hay, hasta ahora, una explicación clara sobre qué provocó el siniestro. Otra vez la misma película: investigaciones en curso, silencio institucional y la sensación de que las respuestas caminan más lento que los problemas.

Mientras tanto, equipos médicos continúan atendiendo a los lesionados y las familias se mantienen pendientes de cualquier novedad. En la calle, sin embargo, el comentario es otro. La gente no habla solo del accidente, sino de algo más profundo: el deterioro crónico del transporte en la Isla.

Porque más allá del suceso puntual, el episodio revive una preocupación que nadie puede maquillar. Vehículos envejecidos, falta de piezas, mantenimientos improvisados y una crisis estructural que el discurso oficial evita tocar con seriedad. En Cuba, los accidentes ya no sorprenden; lo que sorprende es cuando no ocurren.

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