Administración Trump vuelve a lanzar ultimátum al régimen cubano para que aplique «cambios dramáticos muy pronto»

Redacción

La tensión política entre Washington y La Habana volvió a subir de temperatura. Este miércoles, la Administración de Donald Trump envió un mensaje sin anestesia al régimen cubano, advirtiendo que necesita aplicar “cambios dramáticos muy pronto” en medio del agravamiento de la crisis económica que golpea a la Isla.

Desde la Casa Blanca, la portavoz Karoline Leavitt dejó clara la posición del gobierno estadounidense. Insistió en que Estados Unidos apuesta por democracias prósperas, especialmente dentro del hemisferio, una frase que, en el contexto cubano, suena más a presión que a simple declaración diplomática.

Leavitt subrayó que Washington considera deseable una Cuba “verdaderamente libre y próspera”. Acto seguido, reconoció lo que resulta evidente incluso para muchos dentro de la Isla: esa realidad está hoy muy lejos de materializarse bajo el actual sistema político.

El tono del mensaje no fue precisamente moderado. La portavoz describió al gobierno cubano como un régimen en deterioro acelerado, asegurando que el país atraviesa un proceso de colapso. Una caracterización que conecta con imágenes diarias de apagones, escasez y parálisis económica.

Según sus palabras, la situación interna del país no deja demasiado margen para dilaciones. La advertencia fue directa: el liderazgo cubano, afirmó, debería considerar transformaciones profundas en su propio interés. Un lenguaje que deja entrever la estrategia de presión sostenida de Washington.

Las declaraciones llegan en un momento especialmente delicado para Cuba. La crisis económica, lejos de aliviarse, muestra signos de desgaste estructural, mientras la población enfrenta inflación descontrolada, falta de productos básicos y un sistema productivo incapaz de responder.

A la par de estas advertencias, Donald Trump también elevó el tono días atrás. Durante un intercambio con la prensa a bordo del Air Force One, el mandatario calificó a Cuba como una “nación fallida”, enfatizando el impacto de la crisis energética.

El presidente no se anduvo con rodeos. Señaló que la Isla ni siquiera dispone de combustible suficiente para sostener operaciones esenciales, incluida la aviación. Una afirmación que, más allá de la retórica política, coincide con las propias restricciones anunciadas por el régimen.

Trump fue aún más lejos al describir la situación cubana como una “amenaza humanitaria”. Bajo esa lógica, sostuvo que el gobierno de La Habana debería alcanzar un acuerdo con Estados Unidos, sugiriendo que la gravedad del escenario trasciende el conflicto ideológico tradicional.

El señalamiento no resulta menor. La crisis de combustible y los apagones prolongados han dejado de ser episodios esporádicos para convertirse en una constante que impacta la vida cotidiana, la actividad económica y hasta servicios esenciales como hospitales y transporte.

Mientras tanto, el discurso oficial cubano mantiene su narrativa habitual, centrada en responsabilizar a factores externos. Sin embargo, dentro del país, la percepción social apunta cada vez más hacia problemas estructurales acumulados durante años de mala gestión y falta de reformas reales.

Habilitar notificaciones OK Más adelante