Aumentan operativos policiales contra motoristas en Santiago de Cuba: La policía les exige comprobante de la gasolina en sus motores

Redacción

En las calles de Santiago de Cuba hay un ruido que ya no pasa inadvertido. No es solo el motor de las motocicletas, sino la presencia cada vez más visible de las patrullas motorizadas de la Policía Nacional, conocidas en el argot popular como los famosos “caballitos”. Su despliegue constante comienza a generar nerviosismo entre quienes dependen de una moto para sobrevivir.

Conductores consultados describen un patrón que se repite con demasiada frecuencia. Detenciones, revisiones y una exigencia que se ha vuelto casi ritual: mostrar el comprobante de procedencia del combustible. La escena se ha convertido en parte del día a día, alimentando una sensación de tensión que ya se respira en varias zonas de la ciudad.

Varios motoristas aseguran que, si en el momento de la inspección no logran presentar el documento solicitado, la consecuencia puede ser inmediata. La retención del vehículo y su traslado a depósitos policiales. Para muchos, perder la moto no es un simple contratiempo administrativo, sino un golpe directo al sustento familiar.

El temor no es exagerado. En la Cuba actual, donde el transporte público se desploma y el combustible escasea de forma crónica, la motocicleta se ha convertido en una herramienta vital. Sirve para trabajar, trasladarse, resolver urgencias. Quitarla del juego equivale, en la práctica, a paralizar ingresos.

Un conductor, que prefirió mantenerse en el anonimato, resumió el ambiente con crudeza. Explicó que salir a la calle implica cargar con la incertidumbre de ser detenido y no contar con el papel requerido. El miedo no es a la multa, sino a quedarse sin medio de vida.

Otro motorista reflejó una realidad aún más compleja. Conseguir combustible de manera formal es, según su testimonio, una tarea casi imposible. La escasez, las colas interminables y la irregularidad del suministro convierten la legalidad en un laberinto donde muchos terminan atrapados sin alternativas reales.

Mientras tanto, algunos optan por una decisión drástica: dejar la moto guardada. No por comodidad ni por desinterés, sino por evitar riesgos. En una economía golpeada y sin opciones claras, la inmovilidad forzada se transforma en otra consecuencia silenciosa de la crisis.

Todo esto ocurre en un contexto nacional marcado por la debacle del sistema de transporte y la inestabilidad energética. La moto, lejos de ser un lujo, pasó a ser una válvula de escape para miles de cubanos. Por eso cada operativo policial despierta inquietud y malestar.

Hasta ahora, las autoridades no han ofrecido explicaciones detalladas sobre el alcance real de estos controles ni sobre los criterios aplicados a los vehículos retenidos. La falta de información, como ya es costumbre, deja espacio a la especulación y a la desconfianza ciudadana.

En la calle, sin embargo, la percepción es clara. Más allá de simples revisiones de rutina, muchos motoristas sienten que se enfrentan a un clima de vigilancia permanente. Una presión adicional en medio de una vida cotidiana ya cargada de dificultades.

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