Díaz-Canel se pone en modo víctima y aparece diciendo que Cuba enfrenta «prepotencia, arrogancia y desprecio» de otros países

Redacción

En un nuevo capítulo de la rutina propagandística cubana, el gobernante Miguel Díaz-Canel Bermúdez volvió a sacar a relucir el libreto anti-Estados Unidos. En un encuentro oficial con el dirigente argentino Juan Grabois en el Palacio de la Revolución, el máximo mandatario de la Isla aseguró que Cuba y otros países sufren “prepotencia, arrogancia y desprecio” de potencias extranjeras, sobre todo de Washington.

Según el reporte del Canal Caribe, el propio Canal Caribe, sí, el medio estatal, Díaz-Canel agradeció la visita de Grabois, fundador del Partido Patria Grande de Argentina, y habló de “fortalecer relaciones” y compartir experiencias sobre economía popular y asuntos de género. En otras palabras: más charla que soluciones mientras en la Isla la gente lucha cada día con apagones, colas y escasez.

Durante el diálogo —transmitido por la televisión oficialista— los dos se lanzaron a criticar aquello que el líder cubano califica como “el imperialismo estadounidense”, señalando un supuesto empeoramiento del contexto internacional tras una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela que, según Díaz-Canel, terminó con la captura del “dictador” Nicolás Maduro.

También se refirió a lo que llamó un bloqueo energético impuesto por Donald Trump contra Cuba, pero curiosamente omitió que este tipo de medidas buscan presionar al régimen totalitario y abrir espacio a otro modelo político en la Isla.

En su discurso, Díaz-Canel desempolvó una retórica bien conocida: que ante “amenazas” externas se necesita unidad entre movimientos sociales y fuerzas progresistas. Subrayó también que conflictos como los de Gaza, Venezuela y Cuba son producto, en su opinión, de políticas externas que reflejan “desprecio hacia los países” y que frenan el desarrollo en América Latina.

El gobernante cubano sostuvo que esa supuesta “prepotencia y arrogancia” limita el progreso regional y llamó a articular mejor a los movimientos sociales para enfrentar lo que él define como un contexto hostil internacional.

Todo esto, claro, en medio de una crisis interna que no admite discursos vacíos: apagones diarios, escasez de combustible y alimentos, y una economía que no levanta cabeza. Mientras Díaz-Canel reduce cada problema a una supuesta conspiración externa, la realidad en las calles de Cuba es otra muy distinta: el colapso de servicios básicos no se debe solo a sanciones, sino a décadas de mala gestión, prioridades erradas y un modelo político que persiste en culpar siempre a “el enemigo de afuera” antes que asumir sus propias responsabilidades.

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