El Necio se pone exigente y ahora quiere que el régimen explique públicamente la verdad sobre los contactos entre Marco Rubio y ‘El Cangrejo’

Redacción

El ecosistema mediático cercano al poder en Cuba volvió a mostrar señales de inquietud. Esta vez, el protagonista fue Pedro Jorge Velázquez, conocido en redes como El Necio, una de las voces más activas en la defensa pública del discurso oficialista, quien lanzó una exigencia poco habitual dentro del propio universo afín al régimen.

A través de sus plataformas digitales, Velázquez pidió lo que calificó como una “aclaración urgente” por parte de las autoridades cubanas. El motivo fue la circulación de reportes en medios internacionales que apuntan a supuestas conversaciones entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, figura vinculada al entorno histórico del poder en la Isla.

El planteamiento no pasó desapercibido, sobre todo por venir de alguien identificado abiertamente con la narrativa gubernamental. En su publicación, el activista advirtió que la amplia difusión de estas versiones trasciende el terreno informativo para convertirse en un asunto con implicaciones políticas.

Según su razonamiento, independientemente de la veracidad de los reportes, el silencio institucional podría alimentar interpretaciones incómodas. En particular, la idea de que pudieran existir interlocutores fuera de los canales formales del Estado, una posibilidad que choca con la rígida arquitectura política del sistema cubano.

Velázquez sugirió además que Washington estaría desplegando una estrategia comunicacional orientada a generar divisiones internas. Una lectura alineada con la retórica habitual del oficialismo, que históricamente ha atribuido tensiones y controversias a maniobras externas.

En su reflexión, recordó episodios anteriores en los que Donald Trump aludió a presuntos contactos con sectores de alto nivel en Cuba. Declaraciones que en su momento fueron rechazadas por funcionarios de la Cancillería, reforzando la postura oficial de negar cualquier negociación al margen de las instituciones establecidas.

El mensaje del vocero oficialista dejó clara una preocupación central: la legitimidad de la interlocución política. Insistió en que, dentro de la lógica del sistema vigente, Cuba no puede reconocer ni aceptar actores que operen por encima o fuera de sus estructuras estatales.

La exigencia de una respuesta pública resulta llamativa en un contexto donde el control informativo y la disciplina discursiva suelen marcar la pauta. Que una figura identificada con el oficialismo reclame definiciones explícitas refleja, al menos, la sensibilidad que rodea cualquier rumor de diálogo o negociación.

Hasta ahora, las autoridades cubanas no han emitido pronunciamientos específicos sobre estas versiones. Como suele ocurrir en la dinámica política de la Isla, la ausencia de declaraciones oficiales abre espacio a especulaciones y lecturas contrapuestas.

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