Prensa oficialista se hace eco de cirugías en Cuba en medio de apagones y bajo la luz de los teléfonos móviles de los doctores

Redacción

Una escena digna de una película, pero tristemente real, sacudió al Hospital Ramón González Coro, en La Habana. Un equipo médico tuvo que realizar una cirugía ginecobstétrica en medio de un apagón, iluminando el salón con la tenue luz de varios teléfonos celulares. Nada de tecnología de punta ni sistemas de respaldo confiables. Simplemente, lo que había a mano.

El episodio, compartido por el perfil oficialista Naturaleza Secreta, fue presentado casi como una anécdota heroica. Pero más allá del dramatismo, lo ocurrido deja al descubierto una verdad incómoda: la fragilidad del sistema hospitalario cubano, atrapado entre cortes eléctricos constantes y equipamiento envejecido.

El área afectada no era cualquier sala. Se trataba del salón de urgencias obstétricas, un espacio crítico donde cada segundo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Allí se atienden situaciones delicadas, donde están en juego tanto la madre como el recién nacido. Y justo en ese escenario, la electricidad desapareció.

La doctora Yudmila Rodríguez Verdecia, al frente de la unidad quirúrgica, explicó que buena parte de los equipos dependen por completo del suministro eléctrico. Las baterías internas, después de años de uso y desgaste, ya no responden. La tecnología existe, pero no funciona, una metáfora dolorosamente frecuente en la Isla.

Entre los dispositivos inutilizados durante el apagón se encontraban elementos esenciales para cualquier intervención moderna. Cunas de reanimación neonatal, luces quirúrgicas, máquinas de anestesia. Todo quedó fuera de combate en cuestión de segundos, dejando al quirófano sumido en la penumbra.

En ese instante no había margen para detener la cirugía. El personal médico continuó el procedimiento como pudo, recurriendo a las linternas improvisadas de los móviles. La imagen es tan impactante como reveladora. Una operación quirúrgica sostenida por la batería de un celular no es símbolo de innovación, sino de precariedad.

Sin monitorización electrónica, el control del paciente pasó a depender casi exclusivamente de la observación clínica directa. Respiración, pulso, signos vitales… todo bajo vigilancia manual. Lo que en cualquier sistema sanitario funcional sería una situación impensable, en Cuba empieza a parecer parte de la rutina.

La propia especialista reconoció que en circunstancias así el riesgo se dispara. La vida de la madre y del bebé queda expuesta a factores que nada tienen que ver con la complejidad médica y sí con la falta de condiciones técnicas adecuadas. No es el diagnóstico, es el entorno.

A pesar del panorama, el equipo logró completar la intervención. La profesional subrayó que el personal está entrenado para enfrentar este tipo de emergencias. Y ahí radica otra paradoja cubana: médicos altamente capacitados obligados a trabajar en escenarios que rozan lo absurdo.

El testimonio deja dos lecturas inevitables. Por un lado, la entrega y el compromiso de profesionales de la salud que hacen malabares para salvar vidas. Por otro, el deterioro sostenido de una infraestructura hospitalaria que ya no puede ocultar sus grietas tras consignas ni discursos oficiales.

Que una cirugía dependa de la luz de un teléfono no es resiliencia tecnológica. Es el reflejo de una crisis energética y estructural profunda, que empuja al sistema sanitario a operar al límite, sin garantías básicas de seguridad.

Hasta ahora, según la doctora Rodríguez, no se han reportado fallecimientos en situaciones similares. Pero cada apagón convierte el quirófano en una ruleta rusa médica, donde el talento humano intenta compensar las carencias de un sistema exhausto.

Este tipo de historias suele ser absorbido por la narrativa oficial, que rápidamente apunta hacia las sanciones externas como causa universal de todos los males. Sin embargo, la realidad acumulada durante años señala hacia adentro: mala gestión, abandono de la infraestructura, falta de inversión y prioridades políticas desconectadas de la vida cotidiana.

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