En el interminable desfile de explicaciones oficiales sobre los apagones en Cuba, la más reciente historia llegada desde Sancti Spíritus parece sacada de un guion difícil de digerir. Según la versión difundida por medios estatales, una rana habría sido la responsable de dejar sin electricidad varios circuitos de la cabecera provincial.
La información, divulgada por Radio Sancti Spíritus, señala que la Empresa Eléctrica provincial atribuyó la interrupción a un evento tan peculiar como inesperado. El incidente, aseguran, se produjo en la Subestación 2 de 110 kV, donde el anfibio habría hecho contacto con un componente clave del transformador.
De acuerdo con la explicación técnica ofrecida, el animal tocó el bushing, o aislador, del transformador de uso planta. Ese elemento es esencial dentro de la instalación, ya que alimenta energéticamente la parte tecnológica del sistema. Un simple contacto, según el parte oficial, bastó para desatar el caos eléctrico.
El evento habría generado un arco eléctrico de gran intensidad. Como consecuencia, se produjo la apertura de la barra principal y la desconexión automática de los circuitos asociados. El resultado fue inmediato: varias zonas quedaron sin servicio, sumándose a la ya cotidiana experiencia de la oscuridad en la Isla.
Tras la avería, las autoridades informaron la activación de la Brigada Rolando Brito, perteneciente al Centro de Operaciones. Los especialistas, siempre según la narrativa institucional, iniciaron labores para sustituir fusibles, ejecutar la limpieza técnica del área afectada y realizar comprobaciones al transformador.
El mensaje oficial insistió en la rapidez de la respuesta. La entidad aseguró que sus equipos ya se encontraban trabajando para resolver la situación en el menor tiempo posible. Como es habitual, también incluyeron disculpas a la población por las molestias, una fórmula repetida casi mecánicamente tras cada interrupción.
Sin embargo, más allá del detalle pintoresco, el episodio no pasó inadvertido entre los cubanos. En un país golpeado por apagones prolongados, déficit crónico de generación y fallas constantes, la explicación despertó más incredulidad que sorpresa.
Porque el problema de fondo es otro. La crisis energética cubana no nació de incidentes aislados ni de eventos fortuitos. Responde a años de deterioro, falta de inversión, infraestructura obsoleta y decisiones políticas que han empujado al sistema eléctrico al límite de su capacidad.
Que ahora una rana aparezca en el centro del relato oficial no hace más que alimentar el escepticismo popular. En la memoria colectiva sobran justificaciones “inesperadas” para cortes eléctricos, muchas de ellas recibidas con ironía por una población acostumbrada a convivir con la inestabilidad del servicio.










