La madrugada en Ciego de Ávila no fue tranquila. Familiares de reclusos en la prisión de Canaleta reportaron una escena que, aunque difícil de confirmar por vías oficiales, ya corre de boca en boca y en redes: cientos de detenidos habrían protagonizado un motín dentro del penal.
Según los testimonios recibidos, la protesta comenzó en plena noche, alrededor de las dos de la mañana. Los internos, afirman, no solo reclamaban mejoras en sus condiciones, sino que también lanzaban consignas de carácter político. En buen cubano, aquello no fue simple queja carcelaria; fue un estallido cargado de frustración.
Las denuncias de los familiares apuntan a un cuadro que resulta tristemente familiar en relatos provenientes del sistema penitenciario cubano. Hambre, alimentos en mal estado y una insalubridad alarmante aparecen en el centro de las quejas. La comida, describen, sería prácticamente incomible.
Uno de los mensajes difundidos por allegados de los presos pinta una imagen cruda. Hablan de caldos elaborados con restos de baja calidad, arroz racionado en cantidades mínimas y viandas duras. Más que un menú, el relato suena a supervivencia básica en condiciones límite.
A la precariedad alimentaria se suman señalamientos sobre problemas higiénicos severos. Los familiares mencionan brotes de chinches y condiciones sanitarias que agravarían la vida cotidiana dentro del penal. En un entorno ya de por sí restrictivo, la falta de salubridad añade otra capa de tensión permanente.
Pero el detonante del motín, según las versiones, no se limitó a la comida. Varias fuentes vinculan la revuelta a la presunta golpiza contra Danisbel Labrada Morales, identificado con el Movimiento Cuba Primero. El incidente habría encendido aún más los ánimos entre los reclusos.
Tras el inicio de la protesta, siempre de acuerdo con los testimonios, la dirección del centro habría solicitado apoyo de fuerzas especiales. Desde ese momento, creció la preocupación entre familiares, temerosos de posibles represalias. En el historial carcelario cubano, estos episodios rara vez terminan sin consecuencias violentas.
Reportes extraoficiales también hablan de un despliegue reforzado de seguridad en los alrededores de la prisión. La información, fragmentada y difícil de verificar de manera independiente, coincide en un punto: el ambiente dentro y fuera del penal sería altamente tenso.
El hecho, aún en desarrollo según diversas fuentes, revive viejos fantasmas asociados a Canaleta. La prisión arrastra antecedentes de incidentes graves y episodios de violencia que forman parte de la memoria colectiva, aunque pocas veces reconocidos con transparencia institucional.
Hasta ahora, el gobierno cubano no ha emitido declaración oficial sobre lo sucedido. El silencio no sorprende. En temas penitenciarios, la norma suele ser la opacidad informativa, dejando a familiares y a la opinión pública atrapados entre rumores, filtraciones y versiones incompletas.










