Con el país practicamente paralizado, la prensa oficialista anuncia la Feria Internacional de Turismo en Varadero para el mes de mayo

Redacción

El bombazo promocional de la 44 Feria Internacional de Turismo de Cuba, programada del 6 al 10 de mayo en Varadero, cayó en redes sociales y la reacción fue inmediata. El anuncio, difundido por TV Yumurí, intentó vender la cita como una ocasión irrepetible para descubrir las maravillas del archipiélago, destacando que sus encantos sobreviven incluso a los tropiezos económicos y las turbulencias políticas. El discurso sonó grandilocuente. La respuesta del público, todo lo contrario.

La publicación describía la feria como una gran apuesta por el producto de Sol y Playa, con Canadá en el centro del tablero como mercado clave. Pero apenas el contenido aterrizó en Facebook, los comentarios empezaron a arder. La incredulidad dominó el ambiente. Más de uno soltó la pregunta que resumía el sentir general: “¿con qué turismo?”. Otros no se anduvieron con rodeos y calificaron la iniciativa de desconectada de la realidad cotidiana.

El tema del combustible apareció como un martillazo repetido. Usuarios cuestionaron de dónde saldrían los recursos logísticos para sostener un evento internacional en un país donde moverse ya es una odisea. La ironía corrió como pólvora. Hubo quien bromeó con que los turistas tendrían que llegar volando por su cuenta, como si la aviación dependiera de milagros y no de queroseno.

La conversación tomó un tono aún más agrio cuando varios internautas mencionaron el cierre progresivo de hoteles en Varadero. Trabajadores del sector intervinieron para describir un panorama poco compatible con la euforia promocional. Testimonios cargados de frustración hablaban de instalaciones apagadas, plantillas reducidas y empleos en pausa por la falta de visitantes. La postal turística chocando de frente con la vida real.

También surgió un ángulo incómodo y recurrente en este tipo de debates: el acceso de los propios cubanos. Comentarios punzantes pusieron sobre la mesa la distancia entre los salarios en moneda nacional y cualquier actividad asociada al circuito turístico. La sensación de exclusión volvió a colarse, como un déjà vu que ya nadie disimula.

El estallido de escepticismo no brota en el vacío. El sector turístico cubano arrastra meses de tensiones severas. La crisis energética y la escasez de combustible han impactado rutas aéreas, operaciones hoteleras y servicios básicos. La narrativa oficial insiste en resiliencia. La percepción ciudadana, en cambio, refleja agotamiento y dudas.

Reportes internacionales han apuntado a cancelaciones masivas de vuelos y ajustes drásticos en polos turísticos. Las dificultades de abastecimiento, sobre todo de combustible, han obligado a reducir frecuencias y apagar capacidades. En ese contexto, la promoción de una feria internacional en Varadero fue leída por muchos como un ejercicio de optimismo forzado.

A la par, operadores turísticos extranjeros han movido ficha. Suspensiones temporales de programas hacia destinos emblemáticos, justificadas por problemas logísticos y de suministro, han reforzado la sensación de que la industria atraviesa un terreno resbaladizo. Cada recorte externo pesa más que cualquier eslogan local.

Mientras tanto, en Matanzas, la reorganización laboral y las reubicaciones de trabajadores evidencian hasta qué punto la crisis energética redefine prioridades. El transporte irregular y el cierre de instalaciones han dibujado un mapa laboral inestable, muy distante del brillo que suelen prometer las ferias.

Por eso, cuando el anuncio de FITCuba 2026 salió a la luz, la reacción digital no fue sorpresa sino síntoma. Entre memes, sarcasmos y críticas directas, quedó expuesto un choque cada vez más visible: la Cuba promocional frente a la Cuba que hace colas, sufre apagones y pelea por moverse.

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