La imagen de almuerzo escolar en Cuba desata indignación en redes: «Eso ni los animales se lo comen, suspendan la clases»

Redacción

Una simple fotografía bastó para encender la mecha. La imagen de un almuerzo escolar, compartida en redes sociales, corrió como pólvora y desató una ola de reacciones entre padres y familiares a lo largo del país. La bandeja metálica mostraba chícharos, una ración mínima de picadillo y un pedazo de vianda. El detalle más inquietante no estaba en lo que se veía, sino en lo que faltaba: el arroz.

La publicación apareció en Facebook y, aunque el texto que la acompañaba estaba cargado de rabia, el verdadero impacto vino después. En cuestión de horas, los comentarios comenzaron a multiplicarse. No eran simples opiniones ni exageraciones aisladas. Eran relatos que coincidían en un mismo patrón de escasez y precariedad.

Padres de distintas provincias describieron escenas que ya no parecen excepcionales. Algunos hablaron de menús repetitivos, otros de sustituciones constantes, muchos de platos que los niños simplemente rechazan. La palabra que más se repite no es “variedad” ni “nutrición”. Es “harina”.

Desde varios territorios, los testimonios pintan un panorama alarmante. Almuerzos reducidos a combinaciones de chícharos, harinas y arroz sin acompañamiento. En ciertos municipios, según denuncian usuarios, el servicio habría sido suspendido por completo. Donde debería haber alimentación escolar, hay incertidumbre.

Las quejas no se limitan a la cantidad. La calidad también aparece en el centro del malestar. Padres relatan comidas aguadas, granos mal cocidos y preparaciones que los niños no logran ingerir. El resultado es tan simple como preocupante: menores que pasan la jornada sin almorzar.

En medio del aluvión de reacciones, surge un sentimiento común. La frustración de familias que dependen del sistema escolar para garantizar al menos una comida diaria. En la Cuba actual, marcada por inflación y escasez, el comedor de la escuela dejó de ser un complemento; para muchos hogares es una necesidad básica.

Algunos comentarios reflejan resignación, otros indignación abierta. Varios padres admiten enviar comida desde casa para evitar que sus hijos enfrenten menús insuficientes o poco apetecibles. Una solución improvisada que no todos pueden costear en un contexto económico cada vez más asfixiante.

La conversación digital también derivó hacia preguntas incómodas. Usuarios cuestionaron el destino de ayudas internacionales y donativos anunciados en medios estatales. La duda no es nueva, pero resurge cada vez que la realidad cotidiana contradice los discursos oficiales.

Las intervenciones proceden de diferentes puntos del país. La Habana, Holguín, Santiago de Cuba, Sancti Spíritus y otros territorios aparecen mencionados en relatos que comparten un mismo hilo conductor. No se trata de una escuela ni de un municipio aislado. La preocupación es nacional.

Un detalle que refuerza esa percepción es la coincidencia con otras publicaciones recientes. Apenas un día antes, circuló en redes un llamado de apoyo para un círculo infantil donde, según la denuncia, los niños habrían quedado limitados a una dieta casi exclusiva de arroz.

La reiteración de testimonios y la consistencia de las quejas sugieren un problema más profundo que una situación puntual. Reflejan un sistema de alimentación escolar tensionado por la crisis económica, la escasez de insumos y la fragilidad logística que atraviesa el país.

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