Régimen anuncia con bombos y platillos la apertura de una tienda mayorista de alimentos en dólares en La Habana

Redacción

La cadena estatal Tiendas Caribe soltó la noticia y, como era de esperar, se armó el corre-corre digital. Ahora resulta que en el Centro Comercial Infanta y Santa Marta, en Centro Habana, arrancó un servicio de ventas al mayoreo. Sobre el papel suena bonito. En la práctica, la gente no se lo tragó tan fácil.

La versión oficial pinta el panorama color de rosa: productos por cajas y rebajas frente al precio minorista. Pero el entusiasmo se enfrió rapidito. Sin precios visibles ni reglas claras, el anuncio dejó más preguntas que certezas. Y para rematar, el detalle que siempre levanta cejas: solo pagos en dólares estadounidenses (USD).

Desde la División Habana Oeste explicaron que la oferta abarca refrescos, granos, pastas, enlatados, mayonesa, además de cajas de muslo y pechuga de pollo. Todo muy surtido… al menos en la nota. La letra pequeña no dejó margen a la imaginación: aceptan únicamente USD en efectivo y tarjetas “clásicas”. En buen cubano, si no tienes verde, ni mires la vidriera.

El discurso institucional habla de “diversificar opciones” y “facilitar soluciones”. Sin embargo, en redes sociales la conversación cogió otro rumbo. La ausencia de datos básicos encendió la molestia. La pregunta más repetida fue tan directa como lógica: ¿en cuánto salen las dichosas cajas de pollo? Silencio administrativo.

El tema de la moneda fue gasolina al fuego. Más de uno soltó el mismo razonamiento, cargado de realidad: ¿quién cobra en USD dentro de Cuba? Para el que no recibe remesas ni tiene padrino afuera, la ecuación es cruel. No es solo comprar, es primero conseguir una divisa que en la calle se dispara a cifras que dan vértigo.

Con un dólar rondando valores que pulverizan el salario promedio, la aritmética cotidiana no cuadra. Un sueldo estatal completo apenas alcanza para sobrevivir, mucho menos para invertir en mercancía dolarizada. La brecha entre quienes manejan divisas y quienes dependen del peso cubano vuelve a quedar al desnudo, sin maquillaje.

Y entonces aparece otro enredo bien criollo: los famosos precios topados. Si esos productos vienen del circuito estatal, muchos asumen que estarán sujetos a controles. Pero ahí está la trampa. Te obligan a comprar en dólares, mientras te vigilan para que revendas en pesos bajo márgenes artificiales.

El dilema para cuentapropistas y pequeños negocios es de manual. Si respetan el precio fijado por el Estado, la ganancia se evapora antes de nacer. Si ajustan a la tasa real del mercado informal, se exponen a multas, inspecciones y decomisos. Negocio de alto riesgo, rentabilidad incierta.

La combinación de factores no pasó inadvertida. Sin precios públicos y con acceso restringido a USD, la iniciativa se percibe menos como un beneficio al consumidor y más como otra maniobra para captar moneda fuerte en medio de la escasez. En un país donde el abastecimiento en moneda nacional es cada vez más simbólico, el mensaje implícito suena duro: el que no tenga dólares, que resuelva como pueda.

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