La distribución de un donativo de 43 toneladas de alimentos enviados por México en las provincias de Artemisa, La Habana y Mayabeque terminó encendiendo algo más que expectativas. Lo que debía ser una noticia positiva derivó rápidamente en confusión, molestia y un aluvión de críticas en redes sociales.
Según informaron el Ministerio del Comercio Interior y la Empresa Mayorista de Alimentos del territorio, la ayuda estaría dirigida a niños con bajo peso y talla, embarazadas y adultos mayores de 65 años. Una formulación que, en medio de la crisis alimentaria que golpea a la isla, dejó a muchos con la ceja levantada.
La polémica no tardó en explotar. En Facebook, el MINCIN reiteró que los productos estaban destinados exclusivamente a menores con problemas nutricionales, gestantes y ancianos. Sin embargo, en televisión nacional el mensaje fue distinto.
Durante un reporte del Canal Caribe, el director de la empresa mayorista provincial amplió el alcance y aseguró que el beneficio incluiría embarazadas, mayores de 65 años y todos los niños entre 0 y 13 años, además de los menores bajo peso. Ahí fue donde el arroz empezó a quemarse.
La diferencia entre ambas versiones desató un vendaval de comentarios. Para muchos, el problema no era solo qué traía la ayuda, sino a quiénes realmente iba dirigida. Una residente en la zona oriental del país resumió el desconcierto colectivo al señalar que primero se habló de todos los niños y luego la historia cambió.
Otros usuarios reaccionaron con el tono que ya se ha vuelto típico cuando se trata de anuncios oficiales. Varias madres cuestionaron cómo era posible que menores dentro del mismo rango de edad quedaran excluidos, mientras la escasez golpea parejo en casi todos los hogares.
Entre la frustración y la ironía, los comentarios reflejaban un mismo sentimiento: la desconfianza. Una usuaria, visiblemente molesta, sugirió que los listados de beneficiarios parecen reducirse misteriosamente en el camino entre el noticiero y la bodega.
El debate también puso sobre la mesa una realidad incómoda. En un país donde la comida se ha convertido en una preocupación diaria, la segmentación extrema de cualquier ayuda externa genera tensiones inevitables. No pocos internautas lanzaron la pregunta que retumba cada vez con más fuerza: ¿y los demás no comen?
Desde distintos rincones del país aparecieron reclamos similares. Usuarios de provincias orientales y de Camagüey recordaron que otras donaciones prometidas nunca se materializaron o llegaron en cantidades simbólicas. La sensación de desigualdad volvió a colarse en la conversación digital.
Más allá del volumen del cargamento, la controversia expuso algo más profundo. Cada anuncio oficial se enfrenta hoy a un muro de escepticismo ciudadano. Muchos cubanos ya no discuten solo la escasez, sino la brecha constante entre el discurso mediático y la experiencia cotidiana.
Una internauta lo expresó con un dicho popular cargado de sarcasmo, sugiriendo que lo que se dice en la televisión rara vez coincide con lo que finalmente entrega el bodeguero. Una frase que, entre risas y resignación, sintetiza el humor amargo que domina buena parte de las reacciones.







