Miseria total: Fabrican ataúdes artesanales en Villa Clara por falta de féretros en el país

Redacción

En Cuba ya casi nada sorprende, pero hay noticias que siguen dando un golpe seco. La emisora oficial CMHS Radio Caibarién anunció que en ese municipio de Villa Clara arrancó la producción artesanal de ataúdes, una medida presentada como solución ante la escasez que golpea a los servicios necrológicos.

Según el medio estatal, la iniciativa forma parte de un proyecto de Desarrollo Local. La promesa suena bonita en el papel: reducir las interminables horas de espera para trasladar y sepultar a los fallecidos y ofrecer “un servicio digno en un momento tan sensible para las familias”. En la práctica, el anuncio dejó más preguntas que alivio.

En redes sociales, donde la gente habla sin guion, las reacciones fueron inmediatas. Más de uno soltó la frase que muchos piensan en voz baja: otra vez el ciudadano resolviendo lo que el Estado no puede garantizar. Una persona lo resumió sin rodeos, señalando que el pueblo vuelve a cargar con problemas básicos mientras el gobierno observa desde la barrera.

Como ya es costumbre en el discurso oficial, la culpa recayó en el embargo estadounidense. Pero ese argumento, repetido hasta el cansancio, no convenció a todos. Un internauta ironizó con evidente molestia, cuestionando si ahora también habría que esperar que desde Washington envíen féretros para poder enterrar a los muertos en la isla.

El anuncio no ocurre en el vacío. Llega pocos días después de que circulara ampliamente el caso de Velasco, en Gibara, Holguín. Allí, una familia tuvo que armar un ataúd improvisado con cartón y cinta adhesiva ante la ausencia total de féretros en la funeraria local.

Las imágenes, compartidas en redes, mostraban una escena difícil de digerir. Mientras los familiares construían la caja de emergencia, la viuda lloraba. No era una metáfora ni una exageración: era la cruda postal de un sistema que ya no logra cubrir ni los servicios más elementales.

Juana Bruzón Cruz, esposa del fallecido, relató una cadena de precariedades que estremeció a muchos. El cuerpo permaneció durante horas en la vivienda, en medio de apagones, sin carro fúnebre y sin respuestas claras. Finalmente, el traslado ocurrió en un triciclo, empujado por la propia familia rumbo al cementerio.

Historias como esta ya no son excepcionales. Son parte de una realidad que los cubanos narran a diario. La crisis económica, los apagones y la escasez no solo afectan la mesa o el transporte. También alcanzan uno de los momentos más duros para cualquier familia: despedir a un ser querido con un mínimo de dignidad.

Mientras en Caibarién se presenta como logro la fabricación artesanal de ataúdes, en otras zonas del país continúan apareciendo testimonios de carencias, demoras y soluciones improvisadas. La sensación que queda flotando es incómoda, pero difícil de ignorar.

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