El representante permanente de Cuba ante Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, salió este miércoles a marcar distancia frente a las versiones que circulan sobre presuntos contactos entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como “El Cangrejo”. La respuesta, más que contundente, sonó calculada.
En declaraciones a la agencia EFE, el diplomático calificó las informaciones como “mera especulación”, apoyándose en un argumento ya familiar dentro del discurso oficial: la falta de confirmaciones públicas. Según Soberón, si los propios medios reconocen que no pueden verificar lo que publican, entonces todo cae en el terreno de los rumores.
El contexto, sin embargo, es cualquier cosa menos trivial. Reportajes de Axios y el Miami Herald han alimentado la expectativa al sugerir que ya se habrían iniciado conversaciones vinculadas a una posible transición en Cuba. Un tema explosivo que, inevitablemente, dispara preguntas incómodas dentro y fuera de la Isla.
Soberón insistió en la postura tradicional del régimen, reiterando que Cuba estaría dispuesta a dialogar siempre que se respete la “soberanía, la independencia y la igualdad de condiciones”. La retórica es conocida, repetida durante décadas cada vez que La Habana intenta proyectar una imagen de apertura sin comprometer nada concreto.
El mensaje, cuidadosamente formulado, también dejó una advertencia implícita: el Gobierno cubano no acepta imposiciones externas. Una frase que, en la práctica, funciona más como blindaje político que como invitación real a negociaciones transparentes.
Lo llamativo no fue solo lo que dijo el diplomático, sino quién lo dijo. Hasta ahora, ni la Presidencia de la República ni el Ministerio de Relaciones Exteriores habían abordado públicamente el asunto. El silencio institucional ha sido, de hecho, la nota dominante desde que comenzaron a circular las versiones.
Mientras crecen las especulaciones, las plataformas oficiales del Gobierno han preferido enfocarse en otros temas. Visitas diplomáticas, mensajes sanitarios y planes energéticos ocupan los titulares estatales. Del presunto diálogo con Washington, ni una línea directa, ni una aclaración precisa.
Ese vacío comunicacional no ha pasado inadvertido. Incluso voces alineadas con el oficialismo han dejado ver cierta inquietud. Pedro Jorge Velázquez, conocido en redes como “El Necio”, reclamó una “aclaración urgente”, advirtiendo que el mutismo oficial puede generar interpretaciones políticas delicadas.
La reacción, o más bien la falta de ella, resultó reveladora. Desde la Presidencia no llegó respuesta alguna. En la lógica del sistema cubano, callar también es una forma de hablar, y muchas veces la más elocuente.
En redes sociales, donde la narrativa estatal ya no controla el pulso informativo, el debate ha tomado vuelo propio. Los comentarios reflejan desde incredulidad hasta sospechas de tensiones internas en la cúpula del poder. La palabra “miedo” aparece con frecuencia en las interpretaciones de los usuarios.
También resurgen viejos cuestionamientos sobre la figura de Miguel Díaz-Canel. Para muchos internautas, el mandatario sigue siendo percibido como un actor sin autonomía real, atado a las decisiones del núcleo histórico del poder. Una percepción que el régimen nunca logra disipar del todo.
Hasta el momento, la única voz oficial que ha tocado el tema es la del representante ante la ONU, y su mensaje no aporta detalles nuevos. Soberón se aferra a una línea defensiva: todo lo que circula, sostiene, pertenece al ámbito de la especulación.
Pero en la Cuba actual, donde la desconfianza pública hacia la información estatal es profunda, las negaciones genéricas no apagan el debate. Más bien lo avivan. Cuando el Gobierno evita explicar, la gente completa los espacios en blanco.










