Trabajador de la Unión Eléctrica en estado grave tras accidente en Subestación Habana que dejó sin corriente parte de La Habana, Artemisa y Mayabeque

Redacción

El sistema eléctrico cubano volvió a dar señales de agotamiento. Un accidente por contacto eléctrico en la Subestación Habana 220 kV desató este viernes nuevas interrupciones que alcanzaron varios municipios capitalinos, además de Artemisa y Mayabeque. Otra jornada marcada por la inestabilidad energética, esa que ya dejó de ser noticia para convertirse en rutina.

La información comenzó a circular en redes sociales a través del periodista oficialista Lázaro Manuel Alonso, quien situó el incidente a las 11:27 de la mañana. El hecho dejó a un trabajador lesionado, trasladado de inmediato a un servicio de urgencias. Detrás del lenguaje técnico y los comunicados formales, queda una realidad incómoda: los accidentes en infraestructuras críticas se repiten con alarmante frecuencia.

Horas después se conoció la identidad del trabajador afectado. Joaquín Vázquez Vázquez, electricista de 54 años y con 25 años de experiencia en el sector, permanece hospitalizado. Está consciente, pero presenta quemaduras cuyo alcance no ha sido precisado. Su caso, más allá de lo humano, vuelve a poner el foco en las condiciones de trabajo dentro de un sistema energético crónicamente deteriorado.

Las autoridades vincularon el evento con las afectaciones eléctricas registradas en amplias zonas. Como ya es habitual, se habló de procesos de restablecimiento y maniobras técnicas. El guion de siempre. Sin embargo, para la población, cada fallo se traduce en horas sin corriente, equipos dañados y más desgaste en la vida cotidiana.

Poco antes del accidente, reportes oficiales habían advertido sobre la activación de un Disparo Automático de Frecuencia. Varias subestaciones —Plaza, Príncipe, Tropical y Rincón de Boyeros— quedaron impactadas. El resultado fue inmediato: barrios enteros sin servicio en Boyeros, Playa, Marianao, Plaza de la Revolución, Cerro y Centro Habana. La oscuridad avanzando como un dominó eléctrico.

Desde el Ministerio de Energía y Minas se apuntó a una posible avería primaria en la subestación de la CUJAE. Paralelamente, la salida de servicio de la Unidad 1 de la CTE Ernesto Guevara añadió más presión al sistema. Cada pieza que falla empuja al resto hacia el colapso. Un engranaje frágil que opera al filo del desbalance.

Mientras los técnicos intentan contener la crisis, los ciudadanos lidian con las consecuencias. En Cuba, un apagón ya no es un evento excepcional. Es parte del paisaje. Es la vela encendida, el ventilador detenido, la comida en riesgo. Es también la confirmación de que el Sistema Electroenergético Nacional sigue atrapado en una espiral de fallas estructurales.

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