En plena crisis energética que el propio régimen admite ser la más grave en décadas, pequeñas empresas privadas en Cuba han empezado a recibir combustible importado directamente en la isla, aun cuando Estados Unidos mantiene el llamado “asedio petrolero” y ha cortado suministros clave que la economía castrista necesita para no derrumbarse del todo .
Negocios del limitado sector no estatal —aquellos que sobrevivieron a décadas de asfixia burocrática y obstáculos legales— confirmaron a la agencia EFE que ya han llegado tanques de combustible en buques cargueros, aunque en cantidades tan pequeñas que están muy lejos de lo que se necesita para aliviar la parálisis energética que vive el país .
La llegada de estos tanques forma parte de la puesta en marcha de una promesa oficial hecha por el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva, en noviembre pasado, cuando anunció que se permitiría a las empresas extranjeras y mixtas importar su propio combustible “cuando sea necesario”. La idea —más retórica que política concreta— ha empezado a tomar forma en la práctica mediante esta vía de emergencia .
Hasta ahora, el monopolio de la importación y distribución de petróleo en Cuba estaba en manos del Estado, que centralizaba cada gota de combustible a través de su empresa CUPET y otros entes estatales, controlando absolutamente la llegada y la venta de derivados en todo el territorio .
Según las fuentes consultadas, estos carburantes llegan en contenedores isotanque estandarizados dentro de los buques mercantes y pueden provenir tanto de Estados Unidos como de otras naciones de la región. El proceso, sin embargo, es lento y pesado: exige certificaciones de seguridad, almacenamiento en lugares autorizados y toda una logística larga que ha dilatado la llegada de cantidades más significativas .
Las autoridades castristas han querido dejar bien claro que el combustible importado por particulares es solo para autoconsumo empresarial y no se puede revender. Una restricción que, en la Cuba real, prácticamente condena a esos recursos a permanecer fuera del alcance de la gente común en medio de una crisis donde hasta los servicios básicos están colapsando .
Este anuncio llega en un momento en que Cuba vive una escasez de gasolina y diésel que golpea transporte, producción, turismo y servicios esenciales, tras la interrupción de envíos de petróleo desde Venezuela y las amenazas de aranceles a quienes suministren crudo a la Isla .
Analistas y empresarios independientes coinciden en que aunque la llegada de combustible al sector privado puede aliviar casos puntuales, estas cantidades no bastan para revertir la crisis energética general del país. Los apagones prolongados, la falta de transporte y la parálisis de sectores clave siguen siendo la regla, no la excepción .
En un país donde el Estado ha perdido casi toda capacidad de garantizar energía confiable, la apertura a que algunos privados importen combustible representa un gesto desesperado de supervivencia del régimen más que una solución real al problema estructural. Y mientras el flujo de electricidad siga intermitente, la vida cotidiana —y la economía entera— seguirá pagando el precio de décadas de políticas fallidas y de un sistema que se derrumba sin remedio.










