Empresa china anuncia la venta de isotanques de 25 mil litros de combustible a negocios privados y MiPymes en Cuba

Redacción

En medio de la asfixiante crisis energética que golpea a Cuba, una oferta comercial ha comenzado a moverse con fuerza en los circuitos empresariales vinculados al sector privado. La noticia corre de teléfono en teléfono y de grupo en grupo: una empresa china estaría importando combustible hacia la Isla, procedente de Estados Unidos u otros mercados regionales, para venderlo exclusivamente en dólares.

El dato no es menor. Durante años, el Estado cubano ha defendido su monopolio absoluto sobre la importación y distribución de hidrocarburos. Sin embargo, la escasez extrema parece estar empujando al régimen hacia fórmulas que hasta hace poco habrían sido impensables dentro de su rígido modelo económico.

Según la oferta que ya circula entre MIPYMES y actores no estatales, la compañía Fujian Trebor Trading Company comercializa gasolina y diésel en volúmenes de 25.000 litros. Nada de compras modestas ni soluciones domésticas. Aquí se habla en cifras grandes y, por supuesto, en moneda dura.

El precio revela la otra cara del asunto. El litro se cotiza en 2.50 dólares cuando el comprador aporta un isotanque vacío. Si además se adquiere el depósito, el valor escala hasta 3.45 dólares por litro. En ambos casos, el proveedor promete la llegada del combustible 21 días después de efectuado el pago.

Mientras la mayoría de los cubanos lucha por conseguir un litro de gasolina en CUP —cuando aparece—, el mercado en dólares sigue funcionando bajo otra lógica. Una economía paralela que no todos pueden siquiera mirar de cerca.

Al intentar obtener aclaraciones, se estableció contacto con Trebor S.A., firma registrada en Cuba con sede en Miramar. La respuesta fue prácticamente un portazo diplomático. Sin explicaciones, sin detalles, solo la remisión a un correo electrónico y a un número de WhatsApp.

Curiosamente, ese mismo contacto coincide con referencias asociadas a otra empresa china dedicada a tecnologías energéticas residenciales. Pero en sus canales oficiales no figura ninguna oferta de importación de combustible. Otro episodio que alimenta la opacidad habitual en los negocios que orbitan alrededor del sistema cubano.

La trama se vuelve más interesante al cruzarse con reportes de la agencia EFE, que confirmó recientemente que algunas MIPYMES ya estarían recibiendo combustible importado en la Isla. Fuentes empresariales, protegidas bajo anonimato, apuntan a encuentros con autoridades para discutir los mecanismos de estas operaciones.

El trasfondo es evidente. Cuba atraviesa una parálisis económica cada vez más visible. Transporte colapsado, turismo en caída, producción afectada. En ese escenario, permitir que empresas extranjeras o mixtas importen su propio combustible parece menos una estrategia planificada y más una maniobra de emergencia ante el derrumbe operativo del país.

Hasta hace poco, la narrativa oficial insistía en que el Estado garantizaba el control total del sector energético. Hoy, la realidad muestra otra cosa. La falta de suministros desde Venezuela y la interrupción de envíos desde otros aliados tradicionales han dejado al sistema eléctrico y al transporte en estado crítico.

Registros comerciales internacionales indican que Fujian Trebor Trading Company, aunque no figura formalmente como empresa estadounidense, ha mantenido vínculos comerciales con puertos de entrada en Estados Unidos durante años. Un detalle que añade más capas al rompecabezas logístico.

Pero el punto más sensible no es quién vende, sino quién puede comprar.

Las autoridades cubanas han dejado claro que el combustible importado por actores no estatales sería solo para autoconsumo, prohibiendo su reventa. En teoría, la medida busca evitar distorsiones. En la práctica, consolida un mercado restringido donde solo sobreviven quienes manejan divisas.

El cubano común, atrapado en salarios en pesos y apagones interminables, queda fuera del juego.

Mientras tanto, la Isla continúa lidiando con una crisis energética que no da tregua. Los apagones se extienden, el transporte sigue paralizado y la economía real permanece atada a un sistema incapaz de garantizar estabilidad básica. El combustible llega, sí… pero no para todos.

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