Rusia le acepta el pulso a Trump y envía tanquero cargado con 200 mil litros de combustible a Cuba tras reunión de Bruno Rodríguez con Putin

Redacción

Cuando la crisis energética en Cuba parece no tocar fondo, un nuevo capítulo se abre en el tablero geopolítico de la Isla. Un buque cisterna cargado con combustible ruso navega rumbo a La Habana, en un movimiento que desafía abiertamente las restricciones petroleras impulsadas desde Washington.

La información, divulgada por Bloomberg, señala que el tanquero Sea Horse recibió su carga mediante una transferencia de barco a barco frente a las costas de Chipre. Los datos de la firma de inteligencia marítima Kpler apuntan a que la nave transportaría alrededor de 200.000 barriles de gasóleo de origen ruso, una cifra nada despreciable para un país que hoy sobrevive entre apagones interminables y una escasez de combustible que paraliza casi todo.

El envío llega en un momento extremadamente delicado para el régimen cubano. La falta de diésel y gasolina ha golpeado transporte, agricultura, generación eléctrica y servicios básicos, dejando a la población atrapada en una rutina de cortes eléctricos, incertidumbre y precios disparados en el mercado informal.

Desde Moscú, la reacción no tardó. El ministro de Exteriores Serguéi Lavrov calificó de “inaceptable” cualquier intento de imponer un cerco naval sobre Cuba. Además, rechazó de plano las acusaciones de Estados Unidos sobre una supuesta amenaza derivada de la cooperación entre ambos gobiernos.

Las declaraciones coincidieron con la visita oficial de Bruno Rodríguez Parrilla a Rusia, en un contexto donde La Habana busca desesperadamente oxígeno financiero y energético. No es casualidad: Cuba necesita combustible como quien necesita aire.

Lavrov insistió en que Rusia mantendrá su respaldo “de manera constante”, defendiendo la soberanía de la Isla y criticando cualquier escalada de presión externa. Mientras tanto, en La Habana, diplomáticos rusos dejaron entrever que los suministros de crudo y derivados podrían continuar bajo el argumento de ayuda humanitaria.

No sería la primera vez. Ya en febrero de 2025, Moscú envió a Cuba 100.000 toneladas de petróleo financiadas mediante un préstamo estatal multimillonario. Aquella operación fue presentada como cooperación estratégica, aunque en la práctica funcionó como otro salvavidas para una economía en caída libre.

Las cifras hablan solas. Cuba consume aproximadamente 37.000 barriles diarios, un volumen que el país no logra cubrir con producción interna ni con sus cada vez más limitadas importaciones. El margen de maniobra es prácticamente inexistente.

Más allá del discurso diplomático, la escena vuelve a mostrar una realidad incómoda: el modelo económico cubano continúa dependiendo de apoyos externos para sostener funciones elementales, mientras la crisis interna sigue descargando su peso sobre los ciudadanos.

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