Sandro Castro rompe el silencio y habla sobre las conversaciones de su primo El Cangrejo «con los gringos»

Redacción

El autoproclamado “empresario” y eterno personaje de Instagram, Sandro Castro, volvió a su jugada favorita en redes: el “hazme una pregunta”. Esta vez, el tema no fue fiesta ni tragos, sino uno de los chismes políticos más calientes del momento.

Desde su cuenta, el nieto de Fidel Castro reaccionó a la bola que corre como pólvora: supuestos contactos entre su primo, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. En buen cubano, el seguidor fue al grano, sin anestesia: si era cierto que el primo “andaba conversando con los gringos”.

La contestación, fiel al estilo Sandro, llegó corta y resbalosa. Dijo no tener idea y remató con un “para mí eso es mentira” que no apagó nada. Al contrario, echó más leña al fuego.

El detalle que encendió comentarios fue la imagen que acompañó el mensaje. Sandro, sonriente, copa en mano, posando con un Cuba Libre y escoltado por banderas de Cuba y Estados Unidos. Un guiño que, en medio del runrún político, muchos leyeron como pura provocación o, cuando menos, ironía tropical.

El ruido no surge de la nada. Medios independientes como CiberCuba, citando reportes de Axios, hablaron días atrás de presuntos acercamientos discretos entre Rubio y el llamado “El Cangrejo”. Todo esto en un contexto donde la presión de Donald Trump hacia La Habana y el desastre energético en la isla siguen marcando la pauta.

La narrativa que circula apunta a algo más delicado: Washington tanteando interlocutores dentro del verdadero núcleo de poder, no en la fachada institucional. Porque en Cuba, el mando real nunca ha vivido en los discursos ni en el cargo formal de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, sino en las entrañas del aparato militar y económico.

Ahí es donde aparece el nombre de Raúl Guillermo. Nieto de Raúl Castro, vinculado históricamente al engranaje de seguridad, y heredero directo de la estirpe que maneja los hilos más sensibles. No es un apellido cualquiera dentro del tablero del régimen.

El peso del linaje se refuerza al mirar hacia atrás. Su padre, el fallecido Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, fue durante años el cerebro financiero tras GAESA, el conglomerado que controla buena parte del dinero y los negocios estratégicos del sistema. En ese ecosistema, nada es casualidad.

Pero más allá de intrigas geopolíticas, hay un elemento que siempre contamina cualquier lectura pública. Tanto Sandro como su primo cargan la etiqueta de la vida de lujo, la nocturnidad y la ostentación, exhibida sin pudor en redes sociales mientras el país sobrevive entre apagones, escasez y salarios de miseria.

Esa contradicción, tan visible como incómoda, alimenta el escepticismo popular. En el imaginario de muchos cubanos, estos herederos del poder revolucionario representan privilegios imposibles de reconciliar con la eterna prédica oficial de sacrificio y resistencia.

Por eso, cada vez que sus nombres se cruzan con asuntos de Estado, la reacción natural no es credulidad, sino sospecha. Demasiadas fotos de fiestas, demasiados yates, demasiada burbuja desconectada de la Cuba real.

La respuesta de Sandro, lejos de aclarar algo, se mueve en esa zona gris que domina a la perfección. Frases breves, tono ligero, símbolos visuales calculados. Nada definitivo, nada que comprometa, pero suficiente para mantenerse en el centro de la conversación.

Y claro, el Cuba Libre no pasó inadvertido. En una isla donde hasta los gestos más triviales se leen en clave política, el trago sonó a metáfora involuntaria o a burla elegante. Con Sandro, nunca se sabe dónde termina la pose y dónde empieza el mensaje.

Mientras tanto, otras versiones siguieron circulando. El diario ABC mencionó presuntas conversaciones en México encabezadas por Alejandro Castro Espín, figura clave dentro del clan y uno de los nombres más asociados a la seguridad del régimen.

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