En medio del caos que vive Cuba por la escasez de comida y energía, el gobierno de Uruguay evalúa ahora tender un gesto que parece más simbólico que eficaz: enviar leche en polvo y arroz a la Isla como ayuda alimentaria.
El canciller uruguayo, Mario Lubetkin, lo sostuvo claramente ante el Parlamento de Montevideo. Tras conversaciones con agencias de Naciones Unidas especializadas en alimentación, Uruguay estudia cómo podría aportar estos productos básicos ante una situación que ya se ha vuelto crítica para millones de cubanos.
La intención, según Lubetkin, es enviar un “apoyo solidario… no con un país ni con un régimen, sino con el pueblo cubano”, subrayando que el gesto sería limitado y que todavía quedan muchos detalles logísticos por resolver, como el transporte y la distribución.
La posible ayuda llega mientras Cuba enfrenta una crisis energética que ha paralizado industrias, reducido servicios esenciales y hecho que la producción y distribución de alimentos se detengan o funcionen a medias. La escasez de combustible, tras la suspensión de envíos de crudo desde Venezuela, ha exacerbado este malestar general y ha puesto al país en una situación que Uruguay mismo ha calificado como de especial urgencia.
Aunque aún no hay fechas ni cantidades concretas, la propuesta incluye esos dos productos básicos: leche en polvo, vital para niños y personas vulnerables, y arroz, pilar de la dieta cotidiana de los cubanos, cuya disponibilidad ha sido muy limitada en las últimas semanas.
Este movimiento de Montevideo se suma a otros gestos internacionales en apoyo de Cuba. En las últimas semanas, países como México y Chile también han enviado ayuda humanitaria, incluyendo toneladas de alimentos y suministros, muchas veces canalizados a través de agencias de la ONU o asociaciones religiosas.
El anuncio de Uruguay pone de manifiesto la incapacidad del Estado cubano para garantizar la seguridad alimentaria de su población sin apoyos externos, una realidad que ha ido agravándose conforme la crisis energética se profundiza.
Mientras tanto, la incertidumbre persiste. La logística para que esa ayuda llegue a Cuba sin contratiempos todavía está en estudio, y no se sabe cuántas personas finalmente podrían beneficiarse de ese envío ni cuándo ocurriría. Pero el gesto, aunque pequeño comparado con la magnitud de la crisis, refleja que incluso fuera de la Isla hay reconocimiento de que la situación para los cubanos es insostenible y exige respuestas urgentes.










