Venezuela comienza a dar la espalda al régimen y ordena la salida del cuerpo de Inteligencia y Seguridad cubanos de ese país

Redacción

El tablero político venezolano se sacude otra vez. Esta vez, no por discursos ni por cadenas interminables, sino por movimientos discretos que dicen más que mil declaraciones oficiales. Asesores de seguridad y personal médico cubano han comenzado a abandonar Venezuela, un gesto que deja claro que algo serio se está cocinando dentro del poder chavista.

La información, confirmada por múltiples fuentes cercanas y recogida por Reuters, apunta a un cambio delicado en la relación Caracas–La Habana, una alianza que durante años fue casi simbiótica. Cuba aportaba inteligencia, control y asesoría en seguridad. Venezuela garantizaba petróleo, oxígeno puro para una Isla crónicamente asfixiada.

Durante más de una década, la presencia cubana no fue un simple intercambio técnico. Se incrustó en zonas neurálgicas del Estado venezolano, especialmente en estructuras de contrainteligencia y seguridad. La DGCIM, repetidamente señalada por denuncias de abusos, fue uno de los espacios donde la sombra de La Habana resultaba imposible de ignorar.

Pero el panorama empieza a cambiar. Fuentes citadas indican que Delcy Rodríguez habría optado por rodearse de seguridad venezolana, rompiendo con una práctica habitual dentro del chavismo, donde figuras clave confiaban su protección a equipos cubanos. No es un detalle menor. En política, la seguridad personal es un mensaje en sí mismo.

El ajuste también alcanza áreas sensibles. Algunos asesores cubanos fueron apartados de posiciones estratégicas dentro del aparato de inteligencia. Al mismo tiempo, médicos y especialistas han regresado a la Isla en vuelos reactivados recientemente. Todo apunta a una reducción visible del engranaje cubano en el poder venezolano.

Lo más llamativo es el silencio. No hay comunicados grandilocuentes ni desmentidos enérgicos. Solo hechos. Y cuando los regímenes callan, generalmente es porque la realidad resulta incómoda de explicar.

El trasfondo geopolítico es evidente. Washington ha intensificado la presión para fracturar el eje Caracas–La Habana, históricamente funcional para ambos gobiernos. La narrativa estadounidense insiste en que la cooperación cubana ha sido un pilar del control interno chavista. La Habana, como de costumbre, lo niega todo.

Sin embargo, la percepción desde dentro de Venezuela parece distinta. Analistas y fuentes diplomáticas coinciden en que la influencia cubana ya no luce tan sólida ni tan intocable como antes. No desaparece de un día para otro, pero se erosiona. Y en estructuras de poder autoritario, la erosión es sinónimo de vulnerabilidad.

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