El Kremlin volvió a enviar una señal política que en La Habana se celebra, pero que fuera de los círculos oficiales levanta más de una ceja. Vladímir Putin confirmó al canciller cubano Bruno Rodríguez que Rusia se sumará este año a la conmemoración del centenario del nacimiento de Fidel Castro. Una frase corta, sí, pero cargada de ese simbolismo que tanto gusta en la diplomacia de aliados estratégicos.
El comentario surgió durante un encuentro en Moscú, según versiones difundidas por medios estatales cubanos. No fue una declaración extensa ni un discurso elaborado. Bastó con una afirmación directa para dejar claro que el vínculo político entre ambos gobiernos sigue bien aceitado, incluso en medio de un panorama internacional cada vez más tenso.
La coincidencia temporal no pasa inadvertida. La mención al aniversario llega cuando el régimen cubano atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. Apagones interminables, escasez de combustible y una economía que no logra levantar cabeza forman parte de la rutina diaria en la Isla. Mientras tanto, el apoyo retórico desde Moscú funciona como oxígeno político.
Putin aprovechó el intercambio para reiterar la narrativa habitual del Kremlin respecto a Cuba. Habló de respaldo histórico, de soberanía y de rechazo frontal a las sanciones de Washington. En el lenguaje diplomático ruso, las medidas estadounidenses volvieron a ser calificadas como inaceptables, manteniendo la línea de confrontación que ya es costumbre.
No menos llamativo fue el gesto dirigido a la cúpula cubana. El mandatario ruso pidió transmitir saludos tanto a Miguel Díaz-Canel como a Raúl Castro. Un detalle que, lejos de ser protocolar, refuerza el reconocimiento explícito de Moscú hacia las figuras que concentran el poder real en la estructura política cubana.
El trasfondo energético añade otra capa al episodio. Apenas después de la reunión, comenzaron a circular reportes sobre el movimiento de un buque cisterna con gasóleo ruso rumbo a La Habana. La operación, seguida por firmas de monitoreo marítimo, sugiere que Rusia continúa jugando un papel clave en el sostenimiento del ya frágil suministro de combustible cubano.
Todo esto ocurre bajo la sombra de nuevas presiones desde Estados Unidos. La administración de Donald Trump ha endurecido su postura hacia la Isla, apelando a órdenes ejecutivas y advertencias económicas dirigidas a quienes mantengan vínculos energéticos con el régimen. El pulso geopolítico, lejos de enfriarse, parece ganar temperatura.
En ese contexto, el centenario de Fidel Castro adquiere un peso que va más allá de la efeméride histórica. No se trata solo de recordar a una figura central del castrismo, sino de reafirmar alianzas y enviar mensajes políticos en un tablero internacional marcado por sanciones, tensiones y reposicionamientos estratégicos.
Sin embargo, mientras en los salones del Kremlin se evocan aniversarios y lealtades ideológicas, la realidad cubana sigue siendo otra película. La población continúa lidiando con cortes eléctricos, inflación y carencias básicas. Problemas demasiado terrenales para resolverse con declaraciones solemnes o celebraciones simbólicas.










