Rusia dice que Cuba cometió un «error estratégico» al invertir en turismo y no en el respaldo energético del país

Redacción

Desde Moscú llegó un comentario que no pasó inadvertido entre quienes siguen de cerca la crisis cubana. Daria Mitina, figura visible dentro del espectro comunista ruso, soltó una valoración que incomoda al discurso oficial de La Habana. Según su diagnóstico, Cuba estaría pagando hoy las consecuencias de un “error fatal” en su política de inversiones.

La afirmación surgió durante su espacio “Opinión Personal”, transmitido por el medio ruso Pravda.ru. Allí, la dirigente abordó el colapso energético que sacude a la isla, un tema imposible de disimular en un país donde los apagones ya forman parte del paisaje cotidiano.

Mitina apuntó directo al corazón del problema. A su juicio, el desequilibrio entre inversión turística e inversión energética ayuda a explicar la magnitud de la crisis actual. La crítica no fue diplomática ni suave. Señaló que una porción considerable de los recursos nacionales se canalizó hacia hoteles e infraestructura para visitantes, mientras el sistema eléctrico quedaba rezagado.

La cifra que mencionó refuerza la controversia. Según su lectura, alrededor de un tercio de la inversión total habría ido al sector turístico, frente a una fracción mucho menor destinada a la generación de energía. El resultado, en su visión, es la fragilidad que hoy mantiene al país en penumbras.

El señalamiento resulta particularmente llamativo por provenir de una aliada ideológica. No se trata de un crítico occidental ni de un opositor cubano, sino de una voz situada dentro del propio universo político históricamente cercano al castrismo.

En su análisis, la crisis energética no aparece aislada, sino conectada a un contexto geopolítico más amplio. Mitina describió un escenario de presión externa creciente, donde la debilidad del sistema eléctrico multiplica riesgos económicos, sociales y políticos.

La dirigente sugirió que alternativas energéticas pudieron haberse explorado con mayor decisión. Entre ellas, mencionó la posibilidad de acuerdos con China para garantizar suministro eléctrico. Más que una propuesta técnica, el argumento funciona como reproche implícito: existían opciones, pero las prioridades siguieron otro camino.

El comentario adquiere mayor peso al insertarse en la narrativa regional de tensiones con Estados Unidos. Mitina advirtió sobre el riesgo de un deterioro abrupto del escenario internacional, evocando incluso paralelismos históricos que remiten a momentos de alta confrontación global.

Aunque no anunció medidas concretas de asistencia rusa, su intervención dejó entrever una preocupación evidente. La crisis energética cubana ya no se percibe como un problema doméstico, sino como una variable que podría influir en equilibrios geopolíticos más amplios.

Paradójicamente, la misma voz crítica subrayó la estabilidad política del gobierno cubano. Mitina sostuvo que el aparato estatal ha demostrado capacidad de resistencia frente a intentos de desestabilización. Una afirmación que convive, no sin contradicción, con la imagen de un país atrapado en apagones crónicos.

El trasfondo económico vuelve a imponerse. La falta de inversión sostenida en infraestructura energética aparece como síntoma de un modelo donde las decisiones estratégicas rara vez priorizan la calidad de vida de la población. Hoteles relucientes y ciudades a oscuras, una postal que resume el contraste.

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