Cubano termina asesinado a puñaladas en ataque tumultuario tras salir de un concierto en el Salón Rosado de la Tropical

Redacción

La madrugada del domingo dejó una escena que ya demasiados cubanos reconocen con un nudo en la garganta. Francisco Masforroll Ferrer, santiaguero de 36 años, perdió la vida tras ser apuñalado en las cercanías del Salón Rosado de la Tropical, en Playa, La Habana.

Según relatan amigos y personas cercanas, la noche había comenzado como tantas otras. Primero una fiesta, luego el traslado hacia la Tropical, donde se presentaba el artista conocido como Ja Rulay. Música, ambiente cargado y la típica multitud que se forma en estos eventos.

Al terminar el concierto, el grupo emprendió el regreso en motorinas. Era la clásica caravana habanera de madrugada, tratando de abrirse paso entre la gente que todavía ocupaba la vía. Bocinas sonando, maniobras lentas, el desorden habitual.

Fue en ese instante, de acuerdo con los testimonios difundidos en redes, cuando todo se torció. Al intentar avanzar entre la muchedumbre, Francisco habría sido atacado con un arma blanca por individuos que se encontraban en la zona. Una agresión repentina, brutal, sin margen de reacción.

Malherido, el joven continuó unos metros en su motorina. La escena, descrita por allegados, resulta difícil de digerir: un hombre gravemente herido intentando mantenerse en marcha hasta que terminó impactándose contra un automóvil detenido. La caída sobre el asfalto marcó el comienzo de una carrera desesperada.

Sus amigos, que venían detrás, corrieron a auxiliarlo. A partir de ahí, el relato se convierte en otro capítulo de angustia que muchos cubanos conocen demasiado bien: la búsqueda contrarreloj de atención médica en un sistema de salud que ya no responde como antes.

Versiones compartidas por personas cercanas apuntan a que en centros hospitalarios próximos no habrían encontrado la respuesta necesaria, lo que obligó a trasladarlo desde Playa hasta el Hospital Calixto García, en El Vedado. Un trayecto largo, cargado de tensión y esperanza.

En el Calixto García fue llevado de urgencia al salón de operaciones. Sin embargo, pese a los esfuerzos médicos, Francisco falleció poco después de las cuatro de la madrugada. Otra vida joven que se pierde en un país donde la violencia y la precariedad se cruzan cada vez con más frecuencia.

El drama no terminó ahí. Familiares y amigos vivieron horas de incertidumbre mientras se activaban los procedimientos legales. Medicina Legal, peritos de criminalística y trámites que se extendieron durante gran parte del día, en medio del dolor y la impotencia.

El cuerpo fue finalmente trasladado a la funeraria de Zanja ya entrada la noche. La espera, larga y desgastante, añadió más peso emocional a una familia golpeada por la tragedia. Nada resulta sencillo cuando el duelo se mezcla con la burocracia.

Francisco será cremado, según comentan allegados, para que sus cenizas puedan viajar a Santiago de Cuba. Allí lo esperan sus padres, quienes no lograron trasladarse a La Habana para despedirse de su hijo. Una imagen que resume crudamente la realidad de muchas familias cubanas separadas por distancias, escasez y obstáculos cotidianos.

Hasta el momento, no han trascendido informaciones claras sobre detenidos o responsables. El silencio oficial, en estos casos, suele amplificar la sensación de inseguridad que ya se respira en la calle y se desborda en redes sociales.

Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre alegre, jaranero, muy conocido entre sus amistades santiagueras. Se ganaba la vida vendiendo celulares y accesorios, buscando el sustento en una economía cada vez más asfixiante.

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