Entrada de frente frío en La Habana vuelve a dejar inundaciones en toda la zonas bajas próximas al Malecón

Redacción

Otra vez la misma película. El mar regresó a las calles de La Habana tras la llegada del décimo frente frío, dejando a su paso agua salada, calles anegadas y vecinos lidiando con un problema que ya parece crónico en zonas próximas al Malecón.

Las áreas bajas del Vedado volvieron a sentir el golpe del oleaje. El agua avanzó sin pedir permiso, colándose por las vías, acercándose a edificios y recordando, una vez más, la fragilidad de la infraestructura urbana en la capital cubana.

Pero esta vez, según relatan residentes, el panorama vino con un ingrediente adicional. La basura acumulada en las calles, resultado de la crisis en la recogida de desechos, terminó mezclada con la inundación. Agua salada y desperdicios flotando, una combinación tan insalubre como indignante.

En redes sociales, los testimonios no tardaron en aparecer. Vecinos describen escenas que se repiten cada vez que el mar decide entrar en la ciudad. Un residente frente al Malecón resumía la experiencia con resignación: una penetración aparentemente ligera, pero devastadora para quienes viven en la primera línea.

Y es que para los habitantes de estas zonas, el fenómeno dejó de ser noticia excepcional. Forma parte del calendario no escrito de la ciudad. Frente frío, oleaje fuerte, inundaciones. Un ciclo que se repite con precisión casi matemática.

El problema va más allá del evento meteorológico. La acumulación de desechos agrava el impacto de cada penetración del mar, convirtiendo lo que ya es una molestia natural en un foco de contaminación visible y persistente.

Calles convertidas en canales improvisados, bolsas de basura arrastradas por el agua y un olor difícil de ignorar componen una postal que golpea tanto la estética urbana como la salud pública. La Habana, una vez más, a merced de factores naturales y fallas estructurales.

Mientras tanto, las soluciones de fondo siguen brillando por su ausencia. Año tras año, los vecinos enfrentan daños materiales, deterioro de viviendas y la sensación de que todo se reduce a paliativos temporales y discursos oficiales.

El Malecón, símbolo icónico de la ciudad, vuelve a ser también escenario recurrente del desborde. La naturaleza hace lo suyo; el abandono institucional hace el resto.

Para quienes viven en estas áreas, cada frente frío no solo trae bajas temperaturas o lluvias. Trae incertidumbre, agua dentro de casa y la amarga certeza de que la próxima inundación es cuestión de tiempo, no de posibilidad.

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