Hoteles del régimen venden en redes sociales normalidad y mesas llenas de comida mientras el pueblo sufre sin corriente ni comida

Redacción

Una publicación promocional del Hotel Playa Pesquero Resort, Suite and Spa, en Holguín, terminó desatando una tormenta en redes sociales. En un país donde los apagones prolongados en Cuba marcan la rutina diaria, la imagen de una cena iluminada frente al mar cayó como gasolina sobre el malestar ciudadano.

El mensaje difundido por la propia instalación turística apostaba por la postal idílica. Hablaba de una velada especial para huéspedes del turoperador Pegas Turistik, con cada detalle pensado para resaltar la “magia de Cuba”. Brindis, playa, ambiente festivo y, sobre todo, electricidad estable.

Ahí es donde muchos cubanos levantaron la ceja. Porque mientras el hotel exhibía luces, decoración y normalidad energética, amplias zonas del país seguían sumidas en la oscuridad. Viviendas, hospitales y servicios básicos continúan enfrentando cortes eléctricos que ya no sorprenden, pero sí desgastan.

Las imágenes del evento mostraban mesas impecables, iluminación constante y una escena que parece sacada de un catálogo turístico. El contraste con la realidad de millones de familias cubanas fue inmediato y brutal.

En redes sociales, las reacciones no tardaron. Usuarios y activistas criticaron lo que consideran una postal ofensiva en medio de una crisis energética que golpea la vida cotidiana. La indignación se alimenta de una percepción cada vez más extendida: dos Cubas funcionando bajo reglas distintas.

Por un lado, los polos turísticos administrados por el aparato estatal-militar, donde la electricidad rara vez falla. Por el otro, barrios enteros donde los apagones condicionan desde la conservación de alimentos hasta algo tan básico como dormir o bombear agua.

Las críticas también reavivaron un debate viejo pero vigente. El turismo en Cuba, controlado en buena medida por estructuras vinculadas a las Fuerzas Armadas, mantiene prioridad en el suministro eléctrico. Mientras tanto, la población lidia con interrupciones constantes y un sistema electroenergético al borde del colapso.

Especialistas llevan tiempo advirtiendo sobre la fragilidad del panorama. Unidades generadoras que salen de servicio, déficit de capacidad y una infraestructura envejecida describen un escenario que ya no admite maquillajes retóricos.

En ese contexto, la publicación del Playa Pesquero funcionó como detonante simbólico. No es solo una cena ni una campaña publicitaria. Para muchos ciudadanos, representa la imagen de privilegios visibles en medio de carencias generalizadas.

La molestia no se explica únicamente por la existencia de hoteles iluminados. Lo que incomoda es la sensación de desconexión entre el discurso oficial y la experiencia diaria del cubano promedio, obligado a reorganizar su vida alrededor de horarios de apagón.

Mientras el régimen insiste en la recuperación del turismo como motor económico, escenas como esta amplifican la percepción de desigualdad. Una Isla donde la luz parece garantizada para visitantes y cada vez más incierta para quienes viven allí.

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