Manuel Marrero dice que el régimen ya tiene su propio «plan» para enfrentar a «nuestro enemigo»

Redacción

El primer ministro Manuel Marrero volvió a sacar del cajón el conocido libreto del “plan contra plan”, justo cuando Cuba atraviesa uno de sus momentos más tensos en materia energética. En medio de apagones interminables y una población agotada, el mensaje oficial apostó otra vez por la épica discursiva.

Desde su cuenta en X, Marrero publicó una imagen de José Martí acompañada de una frase cargada de simbolismo. La idea central giraba en torno a que existe un plan del “enemigo” para dividir y asfixiar, frente al cual —según el relato gubernamental— toca responder con unidad y firmeza. Todo envuelto, como ya es costumbre, en etiquetas triunfalistas.

El problema es que, mientras en redes sociales se multiplican las consignas, en la calle lo que crece es el desespero. La crisis energética en Cuba no es una abstracción política ni un debate ideológico. Se traduce en barrios enteros a oscuras, comida echándose a perder y rutinas familiares hechas trizas.

El pronunciamiento llega en un clima de malestar ciudadano cada vez más visible. Los cortes eléctricos prolongados y la escasez de combustible han puesto contra las cuerdas al transporte, a la actividad económica y hasta a los servicios más básicos. El país funciona a medio gas, cuando funciona.

Lejos de ofrecer anuncios concretos o soluciones palpables, el discurso oficial insiste en la narrativa de confrontación. Una retórica que suena repetida para muchos cubanos, cansados de promesas que no logran encender ni un bombillo.

Durante la reunión gubernamental de la semana anterior, Marrero abordó precisamente el tema del combustible. Habló de reforzar controles y vigilar con mayor rigor el uso de recursos en cada territorio. Un enfoque que, aunque recurrente, no parece alterar demasiado la realidad cotidiana.

En ese mismo espacio, el primer ministro reconoció que las mipymes cubanas han comenzado a importar combustibles, un dato que no pasó inadvertido. La admisión deja entrever que, en medio del colapso, son actores privados quienes están asumiendo funciones que el Estado no logra garantizar.

Al referirse a este fenómeno, Marrero señaló que las formas de gestión no estatales están contribuyendo a sostener la vitalidad de ciertos centros relevantes. Traducido al lenguaje de la calle, muchos lo interpretan como otra señal de que el sector emprendedor tapa huecos que el sistema no consigue cerrar.

La escena resulta difícil de ignorar. Mientras el Gobierno desempolva viejas fórmulas retóricas, la economía y la infraestructura del país continúan atrapadas en un ciclo de precariedad que ya dura demasiado.

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