Otra vez las redes ardieron. Y otra vez el protagonista fue el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel. Todo comenzó con un post en su cuenta oficial donde contó que había sostenido una conversación telefónica con la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, en medio del colapso energético que mantiene a Cuba entre apagones interminables y desesperación acumulada.
En su publicación, Díaz-Canel habló de una “afectuosa conversación”, de solidaridad, de cariño hacia el pueblo cubano y, cómo no, volvió a señalar al “bloqueo energético de los Estados Unidos” como el gran responsable de la crisis. También reafirmó los “históricos vínculos” con Barbados y el Caribe. Un discurso que, en papel, suena diplomático y correcto. Pero en la práctica, encendió la chispa.
Porque apenas el mensaje apareció en Facebook, los comentarios comenzaron a caer como aguacero en agosto. Y no precisamente de aplausos. La reacción fue inmediata y cargada de sarcasmo. “Solidaridad y cariño con eso se resuelve todo”, escribió un usuario. Otro fue más directo: “¿Con solidaridad se come?”. Y alguien más remató con ironía criolla: “Avisen cuándo empiezan a repartir la solidaridad por la libreta”.
La frase del “bloqueo energético” tampoco pasó desapercibida. Varios internautas cuestionaron que, una vez más, la explicación oficial girara en torno al embargo estadounidense. “Ahora el bloqueo es energético”, comentó uno. Otro lanzó: “El verdadero bloqueo es el del comunismo al desarrollo”. Y entre risas virtuales apareció el clásico: “Ese disco ya está rayado”.
No faltaron quienes acusaron al Gobierno de vivir permanentemente de ayudas externas. “A pedir limosna”, escribió un perfil sin rodeos. “Limosneando como siempre”, añadió otro. Y la pregunta que quedó flotando fue dura pero clara: ¿hasta cuándo depender de la caridad internacional mientras la economía interna sigue en caída libre?
Entre los comentarios también se coló la realidad más cruda: el hambre. “El pueblo está hambriento”, escribió un usuario que aseguró que así no se puede “ganar ni la guerra de los merengues”. Otro simplemente confesó: “Qué hambre tengo”. Y alguien más preguntó con resignación: “¿Y eso en qué cambia las cosas?”.
Las críticas no se quedaron solo en la burla. Hubo llamados directos a reformas económicas profundas. “Deberías pensar en cambios reales en vez de seguir recibiendo donaciones”, escribió un internauta. Otro fue aún más frontal: “Suelta el poder”. Comentarios que reflejan un cansancio acumulado tras años de crisis, promesas y explicaciones repetidas.
Este episodio vuelve a demostrar cómo cada mensaje oficial genera una ola de reacción inmediata en un país marcado por apagones, escasez y malestar social creciente. Mientras el discurso insiste en la solidaridad internacional y la denuncia del embargo, buena parte de la ciudadanía parece exigir soluciones concretas, comida en la mesa y electricidad estable.
La polémica incluso salió de la página oficial del mandatario. Desde su perfil en Facebook, la periodista Mónica Baró Sánchez ironizó diciendo que el gobernante hace más llamadas telefónicas que ella cuando le pusieron el teléfono fijo hace años. “Ya no le debe quedar a quién llamar”, comentó con mordacidad.
En definitiva, lo que pretendía ser un mensaje diplomático terminó convirtiéndose en otro termómetro del descontento. Porque en la Cuba actual, la palabra “solidaridad” puede sonar bonita… pero para muchos no llena el plato ni enciende el bombillo.










