En Matanzas, la crisis energética ya no es noticia, es rutina. Ante el déficit de combustible y los apagones que no dan tregua, las autoridades del Gobierno y el Partido volvieron a reunirse para revisar —otra vez— las medidas con las que intentan maquillar un panorama cada día más complicado.
La prioridad oficial ahora gira alrededor de la venta de alimentos elaborados y económicos, una fórmula que suena bien en el papel, pero que en la calle tiene otro sabor. Según lo discutido, cada municipio deberá asegurar raciones diarias capaces de alcanzar, al menos, a un tercio de su población.
¿La solución estrella? Cocinar con carbón. Sí, en pleno siglo XXI. Mientras el discurso político habla de resistencia creativa, la realidad muestra una provincia donde hasta el pan depende de métodos que parecen sacados de otra época. La improvisación convertida en política pública.
Incluso las propias direcciones municipales admiten que las acciones siguen siendo insuficientes. Un reconocimiento que, lejos de tranquilizar, confirma lo que la gente ya vive a diario: escasez persistente, colas interminables y ofertas que desaparecen antes de llegar a la mayoría.
Otro punto que encendió alarmas fue el alza descontrolada de los precios, un problema que golpea directo al bolsillo. En medio de salarios pulverizados, cualquier incremento se siente como un mazazo. Y la inconformidad social, por supuesto, no se esconde.
También preocupa el creciente malestar por los negocios que se niegan a aceptar pagos digitales. En un país donde el efectivo escasea tanto como los alimentos, esta negativa añade más tensión a una economía doméstica ya asfixiada. Ni efectivo ni facilidades.
Desde la narrativa oficial, la respuesta pasa por exigir a las empresas estatales de comercio que amplíen las alternativas baratas de alimentación. Croquetas, masas, fideos, caldos y dulces entran en la lista de salvación. La pregunta incómoda es si realmente existen los insumos para sostener esa promesa.
Porque en Cuba, anunciar productos es fácil. Garantizarlos, otra historia. La población escucha planes y estrategias mientras lidia con anaqueles vacíos y una oferta que rara vez coincide con lo que se proclama en reuniones y notas informativas.
Mario Sabines Lorenzo, Primer Secretario del Partido en la provincia, insistió en acelerar la distribución de la canasta básica, reforzar la seguridad en las bodegas y avanzar en las llamadas “canastas locales”. Más orientaciones, más consignas administrativas.










