José Daniel Ferrer dice que para provocar la salida de Díaz-Canel del poder hace falta una intervención en Cuba «al estilo Maduro» en Venezuela

Redacción

El opositor cubano y exprisionero político José Daniel Ferrer volvió a encender el debate sobre el futuro inmediato de Cuba. Desde Miami, planteó que una acción firme y directa de Estados Unidos contra el Gobierno de La Habana podría provocar la salida de Miguel Díaz-Canel y de Alejandro Castro Espín, a quienes responsabiliza por el deterioro del país.

La declaración no pasó desapercibida. Ferrer sugirió que una operación de presión comparable a la aplicada en Venezuela a inicios de año —un movimiento que en el imaginario político muchos describen como “al estilo Maduro”— podría generar un desenlace similar en la Isla.

El líder opositor vinculó la permanencia de la actual cúpula con violaciones sistemáticas de derechos y un colapso sostenido de las condiciones de vida. Bajo esa lógica, considera que un cambio en la estructura de poder no es solo deseable, sino imprescindible para cualquier solución duradera.

Durante su conversación con EFE, Ferrer insistió en que respalda un diálogo serio que abra paso a una transición política liderada por los propios cubanos. Pero también dejó claro que, si la crisis continúa agravándose y se cierran las salidas pacíficas, no descartaría respaldar medidas más contundentes desde el exterior.

El planteamiento refleja una tensión que atraviesa buena parte del discurso opositor: la apuesta por una salida interna frente a la realidad de un sistema político que, según críticos, bloquea cualquier reforma real. La paciencia social, advierte Ferrer, no es infinita.

Consultado sobre figuras dentro del oficialismo que pudieran generar menor rechazo popular, mencionó que en redes sociales ha circulado el nombre de Ana María Mari Machado. Algunos la perciben como menos desgastada que otros rostros del poder, aunque ese tipo de especulación sigue moviéndose en el terreno de las percepciones ciudadanas.

Más allá de nombres concretos, Ferrer sostiene que el escenario actual presenta una combinación inédita de factores. Habla de un descontento creciente, una erosión del miedo y una visibilidad cada vez mayor de la inconformidad pública, elementos que —a su juicio— podrían acelerar un cambio político.

El dirigente opositor subraya que ya no se trata de malestar silencioso. Las protestas, los reclamos y la crítica abierta han ido ganando espacio en la conversación cotidiana, incluso bajo un contexto de fuerte control estatal.

En ese proceso, destaca el protagonismo de jóvenes y la emergencia de iniciativas digitales que articulan denuncias, solidaridad y debate público. Para Ferrer, estos fenómenos reflejan un cambio generacional que el poder no logra contener del todo.

El análisis también incluyó la dimensión internacional. Señaló que el Gobierno venezolano muestra signos de debilitamiento, mientras Washington mantiene e intensifica su política de presión contra La Habana. Paralelamente, menciona un aparente menor entusiasmo de aliados tradicionales del régimen cubano.

Respecto a Estados Unidos, Ferrer respalda la continuidad de las sanciones económicas y las medidas destinadas a limitar el acceso del Gobierno cubano a recursos estratégicos. Su argumento es que cualquier alivio sin reformas profundas solo prolongaría el modelo actual.

En esa línea, criticó los envíos de combustible desde México, afirmando que terminan beneficiando principalmente a la élite gobernante y a la maquinaria represiva. Desde su perspectiva, ese tipo de apoyo externo no impacta de manera directa en la vida del ciudadano común.

Para el opositor, la ayuda efectiva al pueblo cubano debería centrarse en alimentos, medicinas y bienes esenciales canalizados por vías independientes. Menciona a la Iglesia y otras estructuras no estatales como posibles canales para evitar la intermediación gubernamental.

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