Jubilado cubano fallece tras brutal asalto en una cola del banco en la ciudad matancera de Cárdenas

Redacción

El viernes amaneció como tantos otros en Cuba: oscuridad, necesidad y colas. Pablo Vega, a quien todo el mundo en Cárdenas llamaba “Pablito”, salió de su casa a las cuatro de la madrugada. No iba a pasear, ni a resolver un lujo. Iba al banco. Su misión era cobrar una pensión de 2,800 pesos, ese dinero que en la isla apenas alcanza para sobrevivir.

Horas después, regresó a casa golpeado. No sobrevivió.

Pablito no era un desconocido. Había trabajado más de tres décadas en Acopio. La diabetes le arrebató la vista, pero no la decencia. Vivía solo, aunque su familia se mantenía cerca, pendiente, haciendo malabares como todo cubano para acompañarlo en medio de la crisis permanente.

Lo que ocurrió en la cola del banco ha provocado una ola de indignación. Según la denuncia publicada en Facebook por Kiryat Poey, varios jóvenes lo identificaron en la fila. No vieron a un anciano ciego. Vieron una víctima. La agresión fue brutal. Golpes, violencia y robo. Le arrebataron el poco dinero que llevaba encima.

Malherido, Pablo logró llegar a su vivienda, en la zona de Caridad entre Princesa y Aranguren. Sus hermanas reaccionaron de inmediato y lo llevaron al médico. Pero el daño ya estaba hecho. Murió como consecuencia de la golpiza.

La historia corrió rápido por redes sociales y por el barrio. Dolor, rabia, impotencia. Muchos repiten la misma frase, cada vez más común en Cuba: “Ya no es seguro ni salir a cobrar la jubilación.” La sensación de desprotección crece, especialmente entre quienes cargan el peso de la edad, la enfermedad o la pobreza.

Como si la tragedia no bastara, familiares denunciaron otro episodio indignante. Tras el fallecimiento, el cuerpo permaneció más de cinco horas en la casa esperando el servicio funerario. La respuesta que recibieron fue tan fría como reveladora: no había transporte disponible para recogerlo.

En Cárdenas, el caso ha dejado una mezcla amarga de miedo y frustración. La violencia contra personas vulnerables ya no sorprende, pero sigue estremeciendo. Cada nueva historia refuerza la percepción de un país donde la crisis económica, el deterioro social y la falta de oportunidades alimentan escenarios cada vez más duros.

Hasta ahora, no existe información oficial sobre arrestos o responsables.

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