El Gobierno de México despachó este martes un nuevo cargamento de ayuda humanitaria hacia Cuba, una operación que vuelve a poner sobre la mesa la delicada situación de la isla. Desde el puerto de Veracruz zarparon dos buques de la Armada mexicana cargados con casi 1,200 toneladas de víveres.
La narrativa oficial mexicana presenta el envío como un gesto solidario dirigido a la población civil cubana. Según el comunicado, la operación responde a instrucciones directas de la presidenta Claudia Sheinbaum y busca aliviar las dificultades materiales que enfrenta el país caribeño.
La Secretaría de Marina detalló que los buques Papaloapan y Huasteco transportan un total de 1,193 toneladas de alimentos básicos. El grueso del cargamento está compuesto por frijol y leche en polvo, dos productos esenciales en un contexto de escasez persistente.
El Papaloapan concentra la mayor parte del envío, con más de mil toneladas entre frijoles y leche en polvo. El Huasteco, por su parte, lleva frijol adicional y un lote menor de alimentos diversos procedentes de donaciones canalizadas en Ciudad de México.
Una fracción de la ayuda, según las autoridades mexicanas, fue reunida mediante campañas de acopio impulsadas por organizaciones sociales. Este detalle busca reforzar la imagen de respaldo ciudadano, aunque en Cuba el debate suele girar en torno a otro punto inevitable: quién controla y distribuye realmente estos recursos.
El traslado requirió un amplio despliegue logístico. Más de 350 efectivos navales participaron en la operación, junto con equipos de carga pesada. La travesía marítima, de acuerdo con la información oficial, tomará aproximadamente cuatro días.
México insiste en que mantiene viva su tradición solidaria con América Latina. Sin embargo, en el caso cubano, cada envío de ayuda internacional despierta cuestionamientos recurrentes debido a la opacidad estructural que rodea los mecanismos de distribución interna en la isla.
El nuevo cargamento llega en medio de una crisis económica que ya no admite eufemismos. Apagones prolongados, escasez de combustible, inflación desbordada y un transporte prácticamente colapsado forman parte del paisaje cotidiano.
Este es el segundo envío humanitario mexicano en febrero. A inicios de mes, otro cargamento de más de 800 toneladas arribó a La Habana. La repetición de estas operaciones refleja tanto la magnitud de la emergencia como la incapacidad del aparato estatal cubano para estabilizar el abastecimiento interno.
El contexto político añade otra capa al asunto. El despacho de alimentos coincide con reportes sobre conversaciones entre México y Washington relacionadas con los flujos energéticos hacia Cuba, un tema sensible dentro del tablero diplomático regional.
En términos prácticos, la ayuda se traduce en productos básicos que difícilmente transforman el cuadro estructural de la economía cubana. Frijoles y leche en polvo alivian urgencias inmediatas, pero no resuelven los desequilibrios de fondo.










