Régimen invierte millones de pesos imprimiendo las «obras escogidas de Raúl Castro»… 9 tomos que terminan regalando entre estudiantes y trabajadores estatales

Redacción

En medio de apagones, escasez y un país que no levanta cabeza, el aparato oficial decidió sacar pecho cultural. El régimen cubano presentó las llamadas “Obras Escogidas” de Raúl Castro Ruz, una colección monumental de nueve tomos que compila más de 500 documentos y ronda las 5.000 páginas. Sí, en serio. Ese es el “acontecimiento editorial” que nos venden mientras la realidad arde.

Según la narrativa oficial, los volúmenes recogen textos asociados a la trayectoria del general de ejército, descrito —como no podía faltar— como “gran líder” y hasta “gran ser humano”. La publicación, coordinada por el Instituto del Libro, es presentada como fruto de cuatro años de investigación. Cuatro años. En un país donde faltan medicinas, combustible y hasta papel sanitario.

Durante el acto, el historiador Elier Ramírez no se guardó el entusiasmo. Definió la colección como un “regalo para Cuba” y la elevó a categoría de “brújula ética y arsenal de ideas” para estos tiempos difíciles. El contraste es brutal: la Isla atrapada en una crisis estructural, y el discurso oficial celebrando un compendio de discursos y papeles políticos como si fuera la solución mágica.

Abel Prieto, otro rostro habitual del guion ideológico, aseguró que las páginas permiten redescubrir el liderazgo de Raúl Castro, al que describió como distinto al de Fidel, pero “plenamente continuador”. Traducido del idioma político: más de lo mismo, empaquetado con barniz académico.

El prólogo corre a cargo de Miguel Díaz-Canel, quien calificó la obra como un “privilegio” y volvió a presentar a Raúl Castro como figura de referencia. La compilación, remarcan los medios oficiales, abarca siete décadas de vida política, convenientemente etiquetadas como “ejemplares” y “heroicas”. Ninguna sorpresa en un sistema donde la historia se edita, se pule y se acomoda.

La versión digital ya circula en plataformas oficiales. El mensaje es claro: mientras Cuba enfrenta una de sus etapas más duras en décadas, el régimen apuesta por reafirmar su relato histórico. Mucho tomo, mucha ceremonia, mucha épica reciclada. Pero en la calle, la conversación es otra.

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